El
año pasado,
a mediados de julio
y en plena ola de
frío, el entonces
Presidente de Argentina
Néstor Kirchner
anunciaba un nuevo
corte del envío
de gas a nuestro país.
Su mensaje ponía
en evidencia que la
medida de las tarifas
‘ultra baratas’
que propiciaron un
crecimiento de su
economía a
tasas del 8% ahora
estaban cobrando un
alto costo, lo que
sumado a faltas de
inversión,
escasez o límites
físicos, ponían
en evidencia una de
las mayores crisis
energéticas
de la historia trasandina.
Nuestro gobierno y
el sector privado
han sufrido un gran
remezón desde
que comenzaron los
cortes en 2004. Si
además se considera
un escenario muy desfavorable
en cuanto a las reservas
de agua, a las escasas
lluvias entre el año
pasado y éste
y las escasas prevenciones,
el panorama es bastante
desalentador.
De
este modo, vuelve
a estar en portadas
de diarios, en seminarios
y discusiones políticas
el tema de la diversificación
de la matriz energética.
Mirando la situación
actual, de los cuatro
sistemas de abastecimiento
que hay en Chile,
el del Norte Grande
es el más vulnerable.
Lo anterior se debe
principalmente a los
altos niveles de dependencia
de energía
térmica, abastecida
por crudo, gas y carbón,
la cual representa
más del 99%
de ese sistema.
Junto a lo anterior,
el SING se caracteriza
por abastecer a una
demanda marcada por
las grandes compañías
mineras y a una oferta
de grandes unidades
de generación.
Lo anterior crea un
sistema frágil,
donde la salida intempestiva
de una central puede
generar grandes pérdidas
para la industria
minera.
Es así que
empresas como Gas
Atacama, que presenta
serios problemas económicos,
representan un dolor
de cabeza para el
sistema e invitan
a buscar fórmulas
alternativas para
el mismo. Las cuales
en estos momentos
comprenden la construcción
de más centrales
de generación
en base a carbón
y, por otra parte,
de centrales de respaldo,
que ciertamente dan
tranquilidad al sector
pero que, dado que
normalmente se basan
en el Diésel,
representan una solución
ineficiente y de corto
plazo.
Con
esta perspectiva es
que se genera un espacio
para invertir en energías
renovables. Lo que
hay que tener en claro
es que igualmente
presentan trabas que
son limitantes tanto
como para su pronta
puesta en marcha como
para el atractivo
que puedan significar
a empresas estatales
o privadas que tengan
la intención
de insertarse en ese
mercado.
En el SIC por ejemplo,
la contingente sequía
afecta directamente
a las hidroeléctricas.
La energía
eólica lleva
bastante camino recorrido
en cuanto a su estudio
y factibilidad, según
muestra la planta
de Endesa Eco, pero
de todos modos presenta
inconvenientes porque
es una tecnología
aún en desarrollo,
que demanda grandes
costos y que está
fuertemente subsidiada
en otros países.
Dadas sus características
propias y a que es
imposible asegurar
la disponibilidad
de vientos, las centrales
eólicas no
reciben pago por potencia,
perdiendo así
competitividad frente
a otras tecnologías.
Otras fuentes como
la mareomotriz, la
geotérmica
o la de biomasa aún
son tecnologías
cuyas factibilidades
y estudios están
en pañales
y no se ven como una
opción viable
en el corto plazo.
Estamos
entonces frente a
un escenario en el
que el gobierno busca
la promulgación
de una ley que dé
un impulso a las energías
renovables y que según
las palabras del Ministro
de Energía,
Marcelo Tokman, “para
asegurar que estos
proyectos se aplican
correctamente, la
obligación
será del 5%
entre 2010 y 2014.
Luego el porcentaje
de las renovables
irá subiendo
en un 0,5% anual hasta
llegar al 10% en 2024.
Es la única
forma de afrontar
futuros riesgos energéticos”.
(6 de Marzo 2008).
Al
mismo tiempo la promulgación
del Protocolo de Kioto
para combatir el cambio
climático ofrece
incentivos adicionales
para rentabilizar
este tipo de energías
a través de
la reducción
de emisiones que resulten.
Este Protocolo crea
un sistema de comercio
de estas reducciones
hasta 2012, permitiendo
que el flujo de capitales
viabilice proyectos
con energías
limpias.
La
búsqueda e
instalación
entonces de energías
renovables no convencionales
se hace cada vez más
atractiva, dadas las
condiciones regulatorias
y las características
propias del SING.
La alta dependencia
térmica del
sistema provoca grandes
producciones de CO2,
las que se han elevado
con el uso de Diésel.
Las nuevas centrales
a carbón proyectadas
acentuarán
aún más
esta tendencia. La
instalación
de energías
limpias desplazará
entonces mayores cantidades
de CO2, aumentando
las reducciones y,
por lo tanto, los
retornos asociados
a la generación
de bonos de carbono.
Si
esto va a ser o no
suficiente para disminuir
la dependencia en
los combustibles fósiles
en el Norte Grande
es incierto. Lamentablemente
los incentivos que
hay actualmente se
ven aún insuficientes
y será necesario
implementar soluciones
energéticas
que contribuyan a
disminuir al mismo
tiempo la fragilidad
del sistema como los
gases de efecto invernadero
que causan cambio
climático.
El
mercado del carbono
es, por lo tanto,
un aliciente importante
para la implementación
de nuevas iniciativas
energéticas.
Es importante eso
sí, que tanto
los estudios como
su implementación
se realicen en el
menor tiempo posible,
de manera de maximizar
los recursos que se
produzcan por esta
vía.
La incertidumbre que
existe frente a la
situación que
se dará en
el periodo Post Kioto,
cuando el actual tratado
expire, condiciona
la financiación
de proyectos cuya
puesta en marcha se
acerque al 2012.
Por su parte, los
mercados voluntarios
permiten alargar los
plazos y, por lo tanto,
deben ser potenciados
como una alternativa
real.
La necesidad global
está entonces
en exponer a las autoridades
locales e internacionales
que se hace imperante
la búsqueda
de soluciones para
ampliar el horizonte
de Kioto, y que puedan
dar salida a nuevos
proyectos de energías
renovables, tanto
a nivel mundial como
en nuestro país.
Las autoridades deben
apoyar la innovación
y la implementación
de nuevas tecnologías,
al mismo tiempo que
los privados deben
ver las alternativas
existentes en el mercado
y explorar los beneficios
del mercado del carbono.