Chile
La
sobre-regulación, el desempleo
y el rol de los representantes corporativos
Fernando
Rivas
Presidente de la Asociación
de Industriales de Antofagasta
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Las últimas cifras de ocupación
regional recuperaron, en parte, el alicaído
ánimo que había quedado luego
de traspasar el 9% de desempleo en la medición
del mes anterior. En efecto, en la reciente
medición se observó una baja
de 0,4 puntos porcentuales (de 9,1 a 8,7%)
en el desempleo regional, con un incremento
del orden de 1.790 nuevos puestos de trabajo.
Aun cuando en la ciudad de Antofagasta hubo
una ligera pérdida de empleos (pasando
de una tasa de desocupación de 8,4
a 8,9%), la mejoría global del desempleo
en la región se materializó
especialmente en las comunas más fuertemente
golpeadas por este flagelo. En Calama, bajando
de un 10,5% a una tasa bastante menos dolorosa
de 8,9% y, en el resto de la región,
desde una tasa de 9,1% a sólo un 7,5%
de desempleo.
Para el futuro inmediato las estimaciones
son optimistas, habida cuenta que estamos
iniciando la temporada en que - en la región
- usualmente se generan más puestos
de trabajo. Existe una cartera importante
de proyectos por materializar en estos dos
años (entre los cuales el proyecto
Spence avanza aceleradamente en la contratación
de personal) y la inversión presentada
al sistema de evaluación de impacto
ambiental durante el primer semestre, que
nuevamente lidera la II Región con
proyectos por un monto de US$ 741 millones
(20% del total nacional).
Sin embargo, hay que mirar con cierta prudencia
estos resultados. En primer lugar, debido
a que la contratación masiva que se
produce durante la construcción de
grandes proyectos no representa la dotación
definitiva que contratará el proyecto
cuando esté en funcionamiento. En segundo
lugar, el conjunto de reformas incorporadas
a la legislación laboral ha incrementado
el costo (o al menos ha generado la impresión
de un mayor costo asociado a la contratación
de mano de obra) y, en consecuencia, ha restado
competitividad al recurso humano, de modo
que, eliminando el efecto de los proyectos
en construcción y la estacionalidad
regional, la contratación marginal
de mano de obra por cada peso adicional de
inversión (en cualquier rubro) podría
estar decreciendo.
Si bien, este último planteamiento
es una hipótesis por demostrar, existen
diversas señales que se pueden entender
como consecuencias poco convenientes de las
sobreprotección laboral y que sustentan
esta hipótesis. Entre ellas:
-
El alto desempleo y la dificultad para generar
puestos de trabajo en la misma medida del
ingreso a la fuerza laboral.
-
El aumento de empleos de corta data.
-
La automatización y mecanización
de diversos procesos, incluso en rubros
que han sido habitualmente intensivos en
mano de obra, como la construcción.
-
El notable incremento de la inversión
en maquinaria y equipo y el menguado incremento
del gasto en consumo que ha anotado el Banco
Central en las cuentas nacionales de los
últimos trimestres, y que reflejan
un mercado de bienes de capital más
dinámico que el mercado laboral.
Adicionalmente,
la sobre-regulación genera otros efectos
sociales inconvenientes para economías
en desarrollo como la nuestra. Por ejemplo:
-
Desigualdad de oportunidades entre aquellos
insertos en el mercado laboral y aquellos
que al no estar insertos no tienen oportunidad
de capacitarse en las nuevas tecnologías.
-
Desactualización laboral de las masas
de trabajadores desempleados.
-
Menor movilidad laboral ya que, ante la escasez
de empleos, al trabajador le conviene aferrarse
a cualquier trabajo que tenga.
-
Menor crecimiento de las remuneraciones, ya
que éstas se encuentran fuertemente
ligadas a la generación de nuevos puestos
de trabajo y a la movilidad laboral.
-
Redistribución de beneficios hacia
los sectores poseedores de capital en desmedro
de los sectores cuyo único capital
es su propia mano de obra.
La
evidencia disponible sobre el perjuicio para
los propios trabajadores (especialmente para
los que están sin empleo) como resultado
de la sobreprotección, es de tal magnitud
que sólo resta señalar que - a
nuestro juicio - un país moderno como
dice ser el nuestro, no puede continuar con
defensas corporativas a ultranza de los intereses
de un sector. El sector empresarial ha aprendido
de esto y, actualmente, la AIA pone el énfasis
en fortalecer las competencias empresariales
de sus propios asociados para que ofrezcan mejores
bienes y servicios, alejándose de antiguas
prácticas orientadas a obtener, por ejemplo,
algún beneficio tributario excepcional
que asegure artificialmente la rentabilidad
del negocio.
La demanda para los gremios (y cualquier representante
de intereses corporativos) es que se preocupen
de las fortalezas de sus integrantes y del mejoramiento
de su competitividad y productividad, en vez
de seguir reclamando beneficios del gobierno,
de las empresas mandantes o de leyes especiales
que los protejan de sus propias ineficiencias.
En materia laboral, específicamente,
debemos avanzar hacia un sistema integral que
incluya una ley laboral, un sistema de capacitación
y de desarrollo de competencias y una organización
sindical que apunten al fortalecimiento de la
productividad de los trabajadores, para que
su principal respaldo, tanto para obtener y
conservar su empleo, como para tener un salario
digno, sea “porque hace bien su
trabajo y aporta valor”.
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