El gran desafío de masificación
de la capacitación planteado a la sociedad
chilena en los noventa, puede considerarse,
en gran medida, superado con creces. Para no
aburrir con cifras ya bastante difundidas, baste
señalar que desde la dictación
del nuevo Estatuto (1998) la inversión
en capacitación en las empresas se ha
duplicado y que la facturación anual
de la industria de la capacitación se
acerca rápidamente a los US$ 200 millones
anuales.
Las frases de resistencia, tales
como “si los capacito, se me van”
o “no hay tiempo ni recursos” o
simplemente “las necesidades de mejorar
desempeño las soluciono con recambio
de personal”, cada vez suenan más
extemporáneas. Definitivamente, la empresa
“se compró el discurso de la capacitación”.
Las
razones de este fenómeno son múltiples.
Para abreviar el punto, nos gustaría
plantear “la seducción de las
tres C”:
·
La capacitación para la Competitividad:
la necesidad de operar en un ambiente dinámico
e incierto, con crecientes demandas de desempeño
organizacional e individual, ha incentivado
a las empresas a situar en un lugar cada vez
más estratégico la función
de actualización y desarrollo de competencias
laborales. En otras palabras, el propio cuidado
del valor de la empresa ha tornado imprescindible
formar continuamente a sus trabajadores para
“hacer mejor las cosas” y “hacer
mejores cosas” (eficiencia e innovación).
· La capacitación como Compensación:
si bien se trata de un argumento menos recurrente
en el discurso de los distintos actores del
sistema, es evidente que la mayor valoración
que los propios trabajadores han ido asignando
a su propia capacitación, como herramienta
clave para su empleabilidad en el contexto
de mercados de trabajo flexibles, ha estimulado
a las empresas a incorporar el acceso a la
formación de competencias (específicamente
aquellas que enriquecen el capital humano
general) como un elemento fundamental de retribución
o “compensación”. Es así
como la tradicional “carrera profesional,
en la que la antigüedad era el principal
atributo para acceder a posiciones superiores,
luego de ser “barrida” por la
oleada del “mercado abierto” (todo
el mundo puede irse en cualquier momento)
, hoy es reformulada en términos de
“carrera profesionalizante” (como
bien lo ha señalado la amplia bibliografía
de Guy Le Boterf, bajo el concepto de “parcours
professionnalisante” o “parcours
pour se professionnaliser”). En esta
nueva tendencia, que reconoce la necesidad
de crear un compromiso mutuo empresa-trabajador,
el empleador “compensa” el compromiso
de sus trabajadores con el acceso a competencias
que le permitan ampliar su capacidad de “navegar”
en distintas funciones tanto dentro de la
empresa como fuera de ella.
· La capacitación como herramienta
de Compromiso: en concordancia con lo anterior,
muchas empresas han encontrado en la capacitación
una clave importante para profundizar la lealtad
y compromiso de sus trabajadores con los objetivos
organizacionales. Es recurrente encontrarnos
con expresiones del tipo: “cuando capacito
a un trabajador, le estoy diciendo que él
es importante para la empresa, pues prefiero
formarlo en vez de cambiarlo”. Pero
el asunto va aun más lejos. En numerosas
experiencias de capacitación nos encontramos
con actividades que, explícitamente,
apuntan a “sensibilizar” o a “dufundir”
entre los trabajadores la misión, visión
y valores de la empresa. No es raro encontrarnos
con cursos de capacitación de diversa
índole que se inician y/o concluyen
con la presencia activa de sus altos ejecutivos
explicando que “esta actividad de formación
debe entenderse en el contexto de las líneas
estratégicas más globales de
esta empresa”. De alguna manera, el
espacio de formación pareciera constituir
el “ambiente” necesario para “detenerse
y pensar hacia dónde vamos”.
A
estas razones más bien endógenas
al desarrollo empresarial y a los modelos
de relaciones laborales debemos agregar, claro
está, el rol fundamental asumido por
la institucionalidad pública y privada
para estimular el desarrollo de la capacitación.
En esta línea, es innegable que la
reforma del Estatuto de Capacitación
y Empleo del año 1998 constituye un
hito central.
Finalmente,
no puede omitirse el fundamental rol jugado
por las cámaras empresariales en la
masificación de la capacitación,
quienes no sólo fortalecieron sus OTIC
o crearon nuevas, sino que además le
dieron una altísima prioridad dentro
de sus instrumentos de captación y
fidelización de empresas asociadas.
La
conjunción de todos estos elementos
(y otros que seguramente omitimos) explican
esta verdadera “explosión”
de la capacitación en los últimos
10 años.
La discusión respecto a los reales
efectos de esta evolución, serán
analizados en un siguiente artículo.