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Chile

Ingeniería y tecnología para la industria minera

Hans Göpfert
Ingeniero
Cade–Idepe Consultores




Uno de los desafíos no resueltos por la floreciente industria minera en Chile es cómo transformar el bienestar que esta actividad ha traído para parte importante del país en beneficios de carácter permanente.

La forma en que derivó la discusión del “royalty”, desde un planteamiento de inserción de la industria en el ciclo que liga producción con tecnología a un tema de intereses particulares –que si bien son legítimos, sin duda también son sesgados–, abortó la oportunidad de que se analizara esta materia con visión amplia.

Ello, si acaso se puede capitalizar el notable crecimiento de las exportaciones de cobre (al igual que las de celulosa, pesca, fruticultura y otras), de modo que se genere a partir de él una fuente permanente y real de desarrollo estructural. Sin perjuicio de los aspectos más bien formales y de conveniencia coyuntural, el tema de fondo quedó latente y tarde o temprano –probablemente más temprano que tarde– volverá a aparecer en el foro público.

Uno de los indicadores que utilizan las agencias internacionales para evaluar el potencial de un país para insertarse exitosamente en el mundo es el nivel de inversión que realiza en investigación y desarrollo (I&D). En algunos países del centro y norte de Europa, del oriente asiático y de Norteamérica, esta inversión se sitúa en alrededor del 3% del PIB.

En cambio, acá nos cuesta superar el 0,5%. Y no por falta de esfuerzos del sector público, que proporcionalmente invierte casi tanto en I&D como en los países que emergen con más vigor, sino que por la timidez con que participan las empresas privadas en hacer o financiar investigación y desarrollo en Chile, lo que, entre otras cosas, se refleja en la notoria escasez de institutos privados de investigación.

En este contexto, una de las vías para innovar tecnológicamente es aprovechar las etapas iniciales de los nuevos emprendimientos mineros para dar cabida a ideas distintas y soluciones no convencionales, provenientes incluso de otros sectores industriales. Para ello, es necesario incentivar en esta etapa la formulación de visiones diferentes y dar tiempo y espacio a la creatividad de los profesionales. Esto último requiere no sólo que exista una disposición anímica en la dirección de las empresas orientada a reconocer que una solución nueva es posible, que los equipos de profesionales locales son capaces de desarrollarla y que no necesariamente lo óptimo es importar una solución elaborada en otras latitudes para atender una situación más o menos similar; también se deben dar condiciones de trabajo que favorezcan la creatividad innovadora. Ello significa aceptar que el proceso de creación no es necesariamente lineal ni programable en forma rígida; que en las etapas iniciales de los proyectos de innovación hay que tolerar calendarios inexactos; que es probable que el presupuesto original asignado al estudio resultará insuficiente, y que nadie puede asegurar que el éxito coronará el nuevo desarrollo.
Sin embargo, la experiencia señala que si no se toman los riesgos inherentes a los puntos anteriores, difícilmente se logrará generar soluciones que distingan cualitativamente el nuevo emprendimiento de los demás de su género, lo que en esencia significa que no podrá competir con ellos. Y eso es significativamente perjudicial para un nuevo proyecto minero, en particular si no tiene ventajas comparativas claras en términos de ubicación o leyes frente a los demás integrantes del mercado.

En consecuencia, las disposiciones contractuales y administrativas que se apliquen en las etapas iniciales de un proyecto minero (conocidas habitualmente como Ingeniería de Perfil, Conceptual y/o de Prefactibilidad) deberían incorporar herramientas que permitan mantener las comprensibles necesidades de control, pero sin ahogar el espíritu innovador de los encargados de los estudios. Si ello se logra, se puede transformar una parte del trabajo de ingeniería, y en particular el de las oficinas o empresas consultoras, en una actividad innovadora y de I&D, contribuyendo así a reducir el déficit que afecta al país en esta materia y a cerrar, en parte, la brecha que separa crecimiento económico de desarrollo social.

Portal Minero

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