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Chile

Pasivos Ambientales Mineros

Sven Renner
Gerente de la BGR en Chile






El 3 y 4 de mayo de 2005 se celebró en la CEPAL la II Conferencia sobre Pasivos Ambientales Mineros (PAM). Organizaron esta conferencia el Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile y el Instituto de Geociencias y Recursos Naturales de Alemania (BGR). Lo que pareciera un tema marginal convocó a más de 200 personas de la industria minera privada, de las universidades y del sector público, no solamente de Chile sino de numerosos países latinoamericanos. Colombia, Bolivia, Perú, Guatemala, México, Honduras y Chile estaban representados por altos funcionarios.

La amplia convocatoria de la conferencia radica en la creciente inquietud por los problemas asociados a los Pasivos Ambientales Mineros.

Pasivos Ambientales Mineros son aquellos residuos de la producción minera que quedaron huérfanos en el curso de la historia minera en estos países. De los miles de PAM que se encuentran en un país, una gran porción eventualmente no conlleva riesgos. Pero la conferencia enfocó a aquellos PAM que sí son riesgosos para la salud o seguridad poblacional o para el medio ambiente. Dada su naturaleza histórica, en la mayoría de los casos se desconoce al dueño o al causante y por lo general no hay quien se haga cargo de resolver los problemas que pueden causar.

La industria minera se encuentra bajo una creciente presión de justificar los costos ambientales y sociales de nuevos proyectos y así obtener la licencia social para sus operaciones. La aprobación social en muchos de los países presentes en la conferencia constituye el mayor obstáculo para la puesta en marcha de un proyecto minero. Si bien la mayoría de las grandes empresas que operan en el continente hoy, no son los causantes de los PAM del presente, las comunidades afectadas tienden a asociar nuevos proyectos con los problemas que quedaron de los anteriores y a oponer resistencia.

El sector minero y su licencia social también constituyen el trasfondo del Informe sobre las Industrias Extractivas elaborado para el Banco Mundial, que fue encargado para evaluar la participación del Banco en inversiones en el sector minero y su efectos relacionados a la pobreza. El informe fue comprometido por el entonces presidente del Banco, Wolfensohn, en la reunión anual del Banco en el año 2000 bajo la presión de organizaciones no gubernamentales, encargado poco después y presentado en la cumbre de Johannesburgo en el 2002. Entre las recomendaciones figura, entre otros, el retiro de la participación del Banco de proyectos de hidrocarburos, la intensificación de la participación comunitaria en los proyectos mineros y la necesidad de hacerse cargo del legado de la minería histórica. Sin analizar la justificación de las recomendaciones, podemos deducir, que las industrias extractivas son percibidas en muchas comunidades como agresión al medio ambiente y al bienestar sin un beneficio suficiente que lo justifique.

El Estado por su parte tiene la obligación de velar por el desarrollo sustentable y el derecho de su población de vivir en un ambiente libre de contaminación, una garantía que ya se encuentra en la mayoría de las legislaciones en Latinoamérica, y en Chile incluso en la Constitución.

Pero más allá del evidente riesgo para las personas y el medio ambiente, también existe un riesgo económico. Hoy la certificación ambiental ISO 14.000 constituye un argumento poderoso para la competencia en el mercado global (numerosas empresas compran únicamente materias primas provenientes de faenas certificadas) y en el futuro, el manejo adecuado ambiental a nivel nacional será un factor de competitividad para los productos en el mercado internacional y por tanto para la economía del país.

Es razonable prepararse entonces para este escenario y no dejar dudas, que el desarrollo del país no va en desmedro del medio ambiente y que la competitividad de los productos no se funda sobre un “dumping verde”.

En este escenario se explica que tanto el Estado, la industria minera y obviamente también la comunidad afectada están interesados en resolver el problema que constituyen los PAM.

Y tal como en el caso de otros pasivos, más vale hacerse cargo del problema de los PAM lo antes posible, porque los costos de no hacerlo oportunamente suelen ser mucho mayores cuando el riesgo ya se ha transformado en daño.

Portal Minero

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