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Argentina

Lunes 07 de Octubre de 2013.- El cobre ha acompañado a la humanidad desde sus inicios, ya que es uno de los metales que, en bajas concentraciones, son esenciales para el metabolismo de las células animales y vegetales.

Sus propiedades para prevenir infecciones eran reconocidas desde la antigüedad.

A comienzos del Siglo XX, previo a la era antibiótica, diferentes compuestos químicos de cobre fueron utilizados en el tratamiento de patologías infecciosas, como impétigo, tuberculosis y sífilis.

En la última década se revitalizó el concepto del cobre como antimicrobiano. Justamente, el 25 de marzo de 2008, la EPA (Enviromental Protection Agency) registró al cobre como el primer y único metal con propiedades antibacterianas.

Por tal motivo autorizó la difusión de conceptos importantes, entre ellos que "las superficies de cobre eliminan 99,9% de los patógenos bacterianos después de 2 hs de exposición", entre ellas Staphylococcus aureus resistente a meticilina (SAMR), Escherichia coli O157:H7, Pseudomonas aeruginosa, Enterobacter aerogenes, Listeria monocytogenes, Salmonella entérica, Campylobacter jejuni, Legionella pneumophila, Clostridium difficile y Mycobacterium tuberculosis.

De esto disertó la especialista chilena Valeria Prado, miembro científico de International Copper Association (ICA), en el marco del XIII Congreso de la International Federation of Infection Control (IFIC), junto a la Asociación Argentina de Enfermeros en Control de Infecciones (ADECI), que se llevó a cabo entre el 2 y 4 de octubre en la Ciudad de Buenos Aires.

Asimismo, y en paralelo, se realizó también el XIII Congreso Argentino de Epidemiología, Control de Infecciones y Seguridad del Paciente.

Prado destacó que la aplicación del cobre o aleaciones, en superficies de contacto en el ambiente hospitalario "ha demostrado ser eficiente para reducir la carga bacteriana ambiental", cualidad que se mantiene en el tiempo, lo cual significa menor riesgo de transmisión de patógenos a los pacientes y se debería considerar un complemento interesante junto a otras medidas de control de infecciones.

De hecho, las infecciones intrahospitalarias (IIH) representan un serio problema a nivel mundial, ya que tienen graves consecuencias para los pacientes, tanto en morbilidad como letalidad.

El riesgo de adquirir una IIH se estima en 4,5% de todas las hospitalizaciones y pueden tener diferente severidad, desde infección de una herida operatoria, infección del tracto urinario, septicemia, a neumonía.

La mortalidad puede alcanzar hasta 27% en pacientes de Unidades de Cuidados Intensivos (UCI). Un aspecto adicional que dificulta el tratamiento de las IIH es el hecho que la mayoría de ellas son causadas por bacterias resistentes a múltiples antimicrobianos (multiresistentes).

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