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Chile

Dice que a la “Sra. Juanita” la cuenta de luz le podría subir entre 15% a 30% hacia el 2015. “Si hoy es de $15 mil, subiría a $20 mil. Es harta plata”.

Martes 14 de Enero de 2014.- "Estoy muy preocupado”, dice, con pesar, Juan Eduardo Errázuriz, presidente ejecutivo y socio del grupo industrial Sigdo Koppers (SK). Pero su desaliento proviene no por sus negocios, sino por la falta de atención que ve de parte de los actores políticos por un tema que considera crucial para el desarrollo del país y el bienestar ciudadano: la energía.

Aunque ahora no tiene negocios en el rubro eléctrico, Errázuriz lo ha seguido de cerca a lo largo de su trayectoria. SK tuvo dos eléctricas hace unas décadas, que vendió a CGE. En lo gremial, a fines de los 80, la Cámara Chilena de la Construcción lo nombró presidente de la comisión de infraestructura y en ese rol convocó a un grupo de profesionales para evaluar los déficits que tenía el país en este ámbito. Los expertos eran “de todos los espectros y colores políticos, e hicimos un estudio muy potente que aún se utiliza (...) Entregamos las conclusiones a distintos partidos políticos que había en 1988”, cuenta.

Esa comisión contrató a Carlos Hurtado como asesor y recomendó hacer una ley de concesiones públicas. “Tuvimos la suerte de que salió electo Presidente don Patricio Aylwin y nombró a Carlos Hurtado como ministro (de Obras Públicas), y él desarrolló la ley de concesiones. Y la segunda suerte fue que, después, el Presidente Frei nombró a Ricardo Lagos ministro y le dio una promoción tremenda a esa ley”, explica.


—¿Por qué quiso dar esta entrevista?
“Estoy muy preocupado. Y en el mundo empresarial hay una preocupación también, porque (el problema de la energía) tiene un efecto enorme sobre la inversión: tenemos sobre US$ 70 mil millones en proyectos paralizados, porque no tenemos energía”.

—¿Cuántos puestos de trabajo están en peligro por el problema energético?
“Hoy no hay tanto efecto. Sí lo habrá si hay paralizaciones de industrias. Pero sí hay un gran efecto en la generación de nuevos empleos y en puestos de trabajo de calidad. Y también hay un tema tremendamente delicado para los ingresos del Estado, porque con altos costos de energía las rentabilidades de las empresas son menores y los tributos, inferiores”.

—¿Cuánto menos?
“Es más importante este tema que la reforma tributaria en términos de recursos. Al país le va a costar más de US$ 5 mil millones en el mediano plazo. Y eso no se habla, no se dice, no se comenta. Este tema es más importante que la reforma tributaria. Habría más ingresos para educación y salud”.

—¿Cuánto estima que subirá la cuenta para la “Sra. Juanita”?
“Las estimaciones oscilan entre 15% a 30%, y eso podría ocurrir en 2015 por las licitaciones que hubo hace poco. Si la cuenta promedio es hoy de $15 mil, subiría a $20 mil. Es harta plata y aquí hay una gran responsabilidad política de nuestros líderes. Me desalienta verlos en grandes discusiones como la reforma constitucional, pero en esto los echo de menos”.


Un ministro con energía

—¿Qué perfil debe tener el próximo ministro de Energía?
“Tener conocimiento del sector y generar mucha confianza en todos los sectores políticos, en los ámbitos empresariales, en las comunidades, de tal modo que pueda desarrollar una tarea que es muy difícil. Aquí hay que caminar a altas revoluciones por minuto (...) Aunque sea paradójico, tiene que tener mucha energía: una persona de edad, de 80 años, no serviría”.

—¿Algún candidato?
“Prefiero no dar nombres, sería una falta de respeto. Y para no ‘quemarlos’”.

—¿Qué ministro anterior era bueno?
“Ya mencioné a Carlos Hurtado y Ricardo Lagos, pero ha habido pésimos también y los costos altos los estamos pagando por nombramientos pasados”.

—¿Quiénes? Ha habido muchos ministros de Energía...
“Prefiero no nombrarlos. La energía no es fácil y tiene que ser una política de Estado. Es como las relaciones internacionales, y aquí no se le da esa importancia, porque no capta votos, no le llega a la gente todavía, pero sí a las empresas, porque los costos de producción han subido en forma exponencial, lo que ha significado que algunas de ellas están cerrando, con un costo social enorme”.

—¿Qué debe hacer el ministro que llegue?
“En los primeros 100 días, lo primero que hay que definir es qué matriz energética quiere el país, que sea eficiente, segura y competitiva. Luego, revivir los proyectos que están paralizados, y, tercero, redactar una ley para que las comunidades afectadas por estas instalaciones sientan que son beneficiadas, que además, pienso que es de toda justicia. Una ley de compensaciones”.

—No hay consenso ni en la matriz ni en los proyectos hoy paralizados. ¿Cómo se logra acuerdo en eso?
“Esa es la habilidad de las personas y de las autoridades. Para mí son claves los liderazgos y que esos liderazgos generen confianza en todo nivel. Estamos en una situación absolutamente crítica, nuestra matriz es robusta, pero carísima, porque la generación hidroeléctrica no es más del 30%. Si uno analiza países competidores, como Brasil, que tiene 80% de hidroelectricidad, con muchas dificultades, pero tuvo el liderazgo de un presidente como Lula.

Colombia igual, con una matriz 70% hidráulica, y Perú con menos, 45%, porque tienen un gas muy barato... Aquí tenemos que tener una matriz limpia y competitiva”.

—¿Tienen cálculos, como SK, de cuánto ha subido el costo?
“No tengo la cifra, pero es importante, porque del costo total, entre 30% a 40% es energía. Este año va a ser de sequía, ya hemos tenido cuatro años de sequía. Gracias a que la matriz es robusta, no hemos tenido problemas (de suministro) hasta ahora. Para no tenerlos en el futuro, es importante el ministro de Energía adecuado”.

—¿Es tan importante como el ministro de Hacienda?
“No, pero no es el arroz del filete, es el filete. Por eso dije hace como ocho años que el mejor negocio era hacer una fábrica de velas”.

—¿Qué responsabilidad le asigna al gobierno que está saliendo de esta situación?
“La responsabilidad es de todos los gobiernos de los últimos 20 años”.

—¿Cómo? ¿Nadie hizo nada, solo Aylwin y Frei?
“En los años 90 se eliminó la fuerza mayor por sequía extrema (tras su fin, las generadoras no querían tener contratos por su alto costo, y eso se arregló con otras normas posteriores). Chile siempre tuvo una central hidroeléctrica en construcción (al año), hasta ese momento. Que se dejen de construir hidroeléctricas es muy malo, el 80% del agua de Chile se va al mar. Pero no es solamente culpa del Gobierno, también es error nuestro cuando hay centrales mal manejadas, y eso no puede suceder más”.

“Otro error fue suspender Barrancones. Se judicializaron muchos conflictos porque tenemos leyes interpretativas que para los tribunales no son claras. Tenemos el problema del Convenio 169 de consulta a las comunidades indígenas, que todavía no está muy claro si es vinculante o no y a quiénes interfiere”.

—¿Proyecta que habrá apagones?
“No, no creo. Pero sí cuentas más altas”.

—¿Qué impacto tiene que no se haga HidroAysén?
“Es un proyecto más. Está Río Cuervo y hay cuatro centrales más que se pueden hacer en su reemplazo. Tenemos en Chile una capacidad hidroeléctrica de más de 12 mil megawatts. HidroAysén está muy publicitada y hasta los políticos la usaron en sus campañas, lo que es lamentable cuando el país necesita centrales competitivas”.

“HidroAysén es como el símbolo negativo de toda la generación hidroeléctrica, pero el país debe usar sus energías limpias y renovables. No tiene ningún sentido paralizar los estudios de energía nuclear. Y todos los gobiernos, salvo el de Lagos, los pararon. Y no tiene ningún sentido”.

—La Tercera Sala de la Corte Suprema, presidida por Sergio Muñoz, suspendió obras eléctricas clave y ahora Muñoz preside la Corte Suprema. ¿Cómo afecta esto la judicialización?
“Si la legislación nuestra no es clara y es ambigua, y no tenemos el reglamento del Convenio 169 publicado, la situación que existe hoy va a continuar, independiente de las personas”.

—¿Cuál es el mea culpa empresarial?
“Es un fenómeno mundial el que, cuando se hacen instalaciones industriales, la gente las mira con recelo y muchas veces son demandas justas y son errores en la presentación de los estudios. Hay que tener mucho más cuidado, hacer más revisiones, ser más acuciosos y socializarlos con la comunidades”.

—¿Han aprendido las empresas o no?
“Yo creo que sí. Pero cada uno opina por la horma de su zapato. Por lo menos nosotros sí, y antes de cualquier inversión estamos dos años trabajando con las comunas donde están”.

—En el caso de las eléctricas, hay oposición a cualquier tipo de tecnologías...
“Aquí hay grupos de interés que se aprovechan de la ciudadanía para generar ingresos para ellos mismos y no piensan para nada en el bien común. Hoy todos se oponen a todo: las eólicas no se pueden hacer porque generan ruidos y matan los pájaros; las fotovoltaicas, porque no es posible llenar el desierto de espejos que destruyen el paisaje, lo mismo que las líneas de alta tensión, que son necesarias en cualquier tipo de central. Y no piensan en que la “Sra. Juanita” a lo mejor no va a ver nunca ese bosque, porque su dinero lo va a dedicar a educar a sus hijos; y es para la visión de las personas de más recursos el que no haya líneas de alta tensión. Pero en todos los países del mundo, en todos, hay líneas de alta tensión. Oponerse a ellas es volver a la época de las cavernas”.

Emol

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