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Internacional

La generación eléctrica en América Latina necesita doblar su capacidad instalada para esa fecha. Más gas y conexión regional son algunas recetas, pero aún queda sanar los conflictos del pasado.

Jueves 29 de Mayo de 2014.- El Empire State de Nueva York y la Torre CN de Canadá son parte de las siete maravillas del mundo elegidas por la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles, que en 1994 nominó los mayores triunfos ingenieriles del siglo XX. Representando a Sudamérica en el listado aparece un proyecto eléctrico: Itaupú, la mayor represa del mundo.

Ubicada en el rio Paraná, inició su construcción en 1973, en plena crisis del petróleo. Se trata de una coproducción de Brasil y Paraguay que desde 1984 es ejemplo de cooperación entre países para producir electricidad a gran escala. Estilo de producción que podría ser clave para cubrir las abultadas necesidades de electricidad proyectadas para la región. Según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para 2050 América Latina necesita duplicar la actual capacidad instalada de generación eléctrica.

Si Itaupú es un buen representante regional en el listado de las maravillas es porque las hidroeléctricas destacan especialmente en la producción regional de electricidad, con un 56 % del total. Si nos comparamos con la media de la OCDE, este porcentaje es una excepción. Según datos de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés), en las últimas décadas la generación hidroeléctrica en países de la OCDE se redujo, pasando de un 23% de la matriz eléctrica en 1971 a un 13% en 2010.

Sin embargo, la apuesta hidroeléctrica latinoamericana no es ilimitada. Para cubrir la demanda de 2050 deberemos cambiar nuestra matriz eléctrica, debido al tope natural de la capacidad hídrica que no alcanzaría esa meta. “Van quedando las cuencas menos prolíficas y en determinado momento no se van a poder construir represas nuevas”, comenta Ramón Espinasa, de la División de Energía del BID. Según el especialista, la posibilidad de doblar la demanda va por el camino de las termoeléctricas. “Tendrá que ser cubierta con energía térmica, gas natural, específicamente”. Porque las energías renovables no tradicionales sólo cubrirían una fracción de las necesidades totales.

Otra posibilidad de solventar la demanda futura está en una mayor interconexión regional, al estilo de Itaupú. Así se podrían aprovechar estratégicamente los recursos de cada país, importando energía cuando sea económicamente más conveniente. “Usar los recursos propios no es el fin”, comenta Rodrigo Palma, académico del Centro de Energía de la Universidad de Chile. “El fin es abastecerse de energía al más bajo costo y con el menor impacto al medio ambiente”. Lo que se necesita ahora es generar las confianzas necesarias, con los respaldos legales pertinentes.

Hoy el mejor ejemplo de esto es el Sistema de Interconexión Eléctrica de los Países de América Central (SIEPAC). Operativo hace más de una década, funciona desde Panamá a México y demuestra que es posible transmitir energía a gran escala, con una gestión unificada y sin colapsar. Hoy está en proyecto conectar a Colombia a esta red.

Sin embargo, a pesar de ejemplos de cooperación como Itaupú o SIEPAC, desavenencias políticas del pasado siguen pesando al momento de conectar eléctricamente a América Latina. Es lo que ocurre en Chile, donde aún se recuerda cuando el presidente argentino Néstor Kirchner rompió en 2005 los tratados de exportación de gas suscritos una década antes, debido a la escasez de suministro por la que pasaba Argentina. Dejando momentáneamente inoperantes las inversiones chilenas que habían cambiado su infraestructura para transformar su producción a gas natural argentino.

Conveniente económicamente, pero sujeto a vaivenes políticos, este conflicto sumó un tercer país. Ocurrió cuando Argentina resolvió su problema interno importando gas desde Bolivia, país que por conflictos limítrofes con Chile determinó que ni una gota de este gas podría ser revendido a Chile. Hoy, Evo Morales ofrece públicamente gas a Chile a cambio de una salida al mar. Si las proyecciones para 2050 del BID resultan ciertas, el tiempo podría estar de parte de Morales. El sueño de Bolívar, en versión eléctrica, podría escucharse finalmente.

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