La aprobación ambiental de una iniciativa de US$11 mil millones en Magallanes vuelve a poner al país en el mapa de los grandes desarrollos de hidrógeno y amoníaco verde. Mientras la industria busca consolidar proyectos de exportación, nuevas aplicaciones en transporte, minería y energía comienzan a abrir espacio para el consumo interno.

Chile comienza a transitar una nueva etapa en el desarrollo de su industria de hidrógeno verde. Después de años marcados principalmente por anuncios, estrategias y proyectos en distintas fases de evaluación, durante los últimos meses han surgido señales que apuntan hacia una mayor concreción de iniciativas de gran escala y, paralelamente, hacia la búsqueda de nuevos usos para esta molécula dentro del propio país.
Uno de los hitos más recientes ocurrió en Magallanes. La Comisión de Evaluación Ambiental de la región aprobó por unanimidad el Estudio de Impacto Ambiental del proyecto HNH Energy, iniciativa que contempla una inversión estimada de US$11.000 millones para producir y exportar amoníaco verde. El desarrollo considera infraestructura integrada que incluye generación eólica, planta de procesos, desalación de agua de mar, almacenamiento, transmisión eléctrica, ductos, caminos y un terminal marítimo multipropósito.
El proyecto, impulsado por Austria Energy Group, Copenhagen Infrastructure Partners (CIP) y Ökowind, constituye uno de los mayores desarrollos asociados al hidrógeno verde actualmente en evaluación y construcción de industria en Chile. Tras la aprobación ambiental, la iniciativa deberá continuar con la obtención de sus permisos sectoriales y con las definiciones técnicas y comerciales necesarias para avanzar hacia sus siguientes etapas.
Para Gianni López, director del Centro Mario Molina Chile, el atractivo de Chile está estrechamente relacionado con sus condiciones naturales para producir energía renovable a costos competitivos. A su juicio, el país mantiene una posición estratégica por la disponibilidad de recursos solares en el norte y eólicos en el extremo austral.
“Chile es un país que tiene una ventaja estratégica notable en la posibilidad de ser un proveedor del mercado de hidrógeno global, porque las energías renovables aquí son extraordinariamente competitivas”, plantea López en conversación con Portal Minero.
Pero el desafío, advierte, no está únicamente en producir para exportar. Una de las claves para que la industria alcance una escala mayor será desarrollar consumidores dentro de Chile. En ese punto, el transporte aparece como uno de los sectores donde el hidrógeno puede encontrar aplicaciones específicas que complementen, y no necesariamente sustituyan de manera generalizada, a las tecnologías eléctricas basadas exclusivamente en baterías.
El Centro Mario Molina trabaja precisamente en esa línea mediante el desarrollo de vehículos híbridos que combinan baterías e hidrógeno. La propuesta busca utilizar cada tecnología donde presenta mayores ventajas operacionales.
“Hay aplicaciones donde las baterías no te van a dar la autonomía suficiente para operar y tienen tiempos de recarga muy largos”, explica López. En esos casos, sostiene, los vehículos híbridos de hidrógeno pueden ofrecer una alternativa para operaciones logísticas de primera y media milla, así como para determinados recorridos regionales.
La diferencia está principalmente en los tiempos de carga y la autonomía. Según López, los vehículos desarrollados por el Centro Mario Molina pueden ser abastecidos con hidrógeno en alrededor de seis minutos y alcanzar autonomías superiores a los 400 kilómetros, dependiendo de la configuración y operación. El objetivo es realizar pilotos que permitan comprobar estas prestaciones en condiciones reales de transporte.
El interés por estas aplicaciones no es aislado. En los últimos años, el CMM ha desarrollado iniciativas vinculadas a vehículos de hidrógeno, infraestructura de carga y modelos de negocio para acelerar la incorporación de esta tecnología en el transporte chileno. Entre ellas se encuentra H2V-TRANSDRIVE, programa apoyado por Corfo que busca desarrollar soluciones para transporte de pasajeros y carga y abordar distintas etapas de la cadena de valor del hidrógeno.
De la exportación al consumo interno
El transporte es solo una parte del escenario. López identifica también oportunidades en aplicaciones energéticas e industriales. Una de ellas es el denominado blending, que consiste en incorporar hidrógeno al gas natural utilizado en determinadas instalaciones.
“Una aplicación importante que ya se está haciendo, incluso en Chile, es en energía: proveer hidrógeno mezclado con gas natural, sustituyendo parte del gas natural”, señala. La alternativa permitiría reducir emisiones manteniendo las condiciones operacionales de determinados equipos industriales.
Otro ámbito relevante es la producción de amoníaco, compuesto utilizado en diversas industrias y particularmente relacionado con la minería. La posibilidad de producir amoníaco verde a partir de hidrógeno generado con energías renovables abre una vía para sustituir progresivamente procesos dependientes de combustibles fósiles y, al mismo tiempo, generar productos con potencial exportador.
La minería aparece así como uno de los grandes espacios de desarrollo futuro. En una industria donde el consumo de diésel continúa siendo significativo, especialmente en equipos de gran tamaño, el hidrógeno puede tener aplicaciones en maquinaria pesada y vehículos auxiliares.
“En el mundo de la minería toda la oportunidad para el hidrógeno en maquinarias, desde los camiones CAEX, que son el gran consumidor de diésel en la industria minera, a un conjunto de otras maquinarias de apoyo”, sostiene López.
Entre ellas menciona equipos utilizados en el rajo y vehículos destinados a labores auxiliares, como camiones aljibe para humectación de caminos o cargadores frontales. La velocidad con que estas tecnologías se incorporen dependerá, entre otros factores, de la evolución de los proveedores tecnológicos y de la comparación entre soluciones eléctricas, baterías e hidrógeno para cada operación.
La lógica detrás de esta diversificación es generar demanda doméstica suficiente para acompañar el desarrollo de grandes proyectos. “Es importante que podamos ir creando una industria que tiene un potencial de crecimiento grande”, plantea el director del CMM.
Una industria que busca escala
Uno de los desafíos del hidrógeno verde sigue siendo el costo de las tecnologías asociadas a su producción, almacenamiento, transporte y utilización. Para López, la expansión de la demanda internacional puede contribuir a modificar esa ecuación.
Su argumento toma como referencia la evolución experimentada por otras tecnologías energéticas. “A medida que aumenta la demanda, tal cual como fue con los paneles fotovoltaicos y las baterías de las décadas anteriores, eso va a ocurrir ahora con los electrolizadores y también con otras aplicaciones”, afirma.
En ese escenario, el crecimiento de los mercados internacionales podría tener efectos sobre la industria chilena, reduciendo costos tecnológicos a medida que aumente la fabricación y utilización de equipos asociados al hidrógeno, como electrolizadores y celdas de combustible.
El contexto internacional también está modificando la discusión. Para López, la seguridad energética y la necesidad de disminuir la dependencia de los combustibles fósiles han adquirido una dimensión estratégica en medio de las tensiones geopolíticas y la volatilidad de los mercados energéticos.
“Es muy importante sostener los esfuerzos que está haciendo el país a través de la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde”, señala, destacando además el papel de los instrumentos públicos destinados a impulsar tanto la producción como el consumo.
En paralelo, la industria comienza a generar espacios para discutir no solo la producción de moléculas limpias, sino también la infraestructura necesaria para utilizarlas y comercializarlas.
En ese proceso, los grandes proyectos como HNH Energy conviven con iniciativas de menor escala orientadas a probar tecnologías y generar demanda local. Ambas dimensiones resultan complementarias: mientras los proyectos de Magallanes muestran la posibilidad de desarrollar producción a gran escala y orientada a mercados internacionales, los pilotos en transporte, minería e industria permiten explorar dónde el hidrógeno puede tener sentido económico y operacional dentro de Chile.
Para López, esa combinación será determinante. “Hay todo un conjunto de una inercia ya creada a favor del hidrógeno verde”, concluye, al referirse a las iniciativas impulsadas por empresas, Corfo y otros actores.
Para ver la entrevista completa de Gianni López, director del Centro Mario Molina Chile, pincha aquí.



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