Home +562 2225 0164 [email protected]
Síguenos

Gonzalo Águila Avilés, Doctor en Ingeniería Química, Consultoría Independiente en Ingeniería Aplicada.

Hidrógeno verde en la industria minera: una oportunidad real, pero no una solución universal

La minería chilena del cobre enfrenta una paradoja energética. En 2024 produjo con una matriz eléctrica más limpia y registró sus menores emisiones de gases de efecto invernadero en los últimos 14 años; sin embargo, sus requerimientos de energía siguen creciendo. Cochilco reportó un consumo total de 199.452 TJ, de los cuales 97.145 TJ correspondieron a combustibles. La mina a rajo representó el 42% del consumo energético total y concentró el 81% de los combustibles utilizados por el sector.

Ese dato ayuda a identificar dónde el hidrógeno verde (H₂V) podría desempeñar un papel concreto. No se trata de sustituir la electricidad renovable por hidrógeno (una conversión que normalmente implicaría pérdidas y costos), sino de enfocarlo en aplicaciones difíciles de electrificar directamente. La actualización 2026–2030 de la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde de Chile menciona expresamente a la minería entre los sectores en los que se busca fortalecer la demanda interna.

La oportunidad más visible está en el transporte pesado. Camiones de extracción, equipos móviles de alta potencia y flotas que operan durante muchas horas requieren una gran autonomía y tiempos de reabastecimiento reducidos. Revisiones recientes de la literatura muestran que las pilas de combustible de hidrógeno pueden ser técnicamente atractivas para este tipo de operación; al mismo tiempo, advierten que su competitividad depende en gran medida del precio del H₂V, del costo de los vehículos, de la escala de la flota y del uso de la infraestructura de abastecimiento.

También existen oportunidades indirectas. El H₂V puede utilizarse para producir amoníaco con una menor huella de carbono, un insumo relevante para la cadena de fabricación del nitrato de amonio empleado en explosivos. Además, se estudia su incorporación como respaldo energético, en equipos estacionarios y en ciertos procesos metalúrgicos. Son alternativas técnicamente plausibles, pero con distintos grados de madurez y que requieren evaluación caso por caso.

Por eso, el principal desafío no es demostrar que el hidrógeno “funciona”, sino determinar dónde crea valor frente a otras opciones. Producción, compresión o almacenamiento, transporte, seguridad, normas, disponibilidad de agua, infraestructura y costo de la electricidad renovable deben evaluarse como un sistema completo. Una decisión basada únicamente en el precio futuro esperado del hidrógeno puede derivar en proyectos poco competitivos.

La pregunta correcta para la minería no es “¿dónde podemos usar hidrógeno?”, sino “¿en qué operación el H₂V supera, técnica, económica y ambientalmente, a las alternativas?”. Esa evaluación rigurosa es la que puede convertir una promesa tecnológica en una decisión de ingeniería.