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Por Isabel Torres, Director of Products and Resources en NTT DATA Chile.

La era agéntica en minería: la promesa exige condiciones

La minería chilena ya pasó de la automatización a una discusión más ambiciosa: sistemas capaces de analizar datos y decidir con márgenes crecientes de autonomía. Los Centros Integrados de Operaciones (CIO) permiten centralizar el monitoreo, integrar información y coordinar procesos a distancia y en tiempo real; la IA agéntica va un paso más allá, incorporando una capa de autonomía capaz de interpretar datos, tomar decisiones y ejecutar acciones orientadas a un objetivo, sin requerir intervención humana en cada paso.

Según datos de Vantaz Group, más del 40% de las empresas de la gran minería en Chile ya opera con Centros Integrados de Operaciones (CIO). El siguiente paso es llevar esa infraestructura más allá del monitoreo y la coordinación, hacia sistemas capaces de apoyar y automatizar decisiones. Pero decidir de forma autónoma exige más que capacidad tecnológica: la competitividad también dependerá de contar con un ecosistema preparado para sostenerla.

La primera brecha está en la infraestructura energética y la permisología. Una operación autónoma exige energía, conectividad y procesamiento 24/7; sin esa base, la autonomía no escala. A marzo de 2026, Chile acumulaba 1.877 GWh de energía renovable recortada, un 18% más que el año anterior, según datos reportados por La Tercera en abril de 2026, reflejo del desafío de integrar al sistema toda la capacidad renovable disponible.

En paralelo, la Ley Marco de Autorizaciones Sectoriales (Ley N.º 21.770), publicada en septiembre de 2025, busca reducir entre 30% y 70% los tiempos de tramitación de permisos, según la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile. Su implementación ya está en marcha de forma gradual: a febrero de 2026, la plataforma SUPER contaba con más de 250 permisos integrados y se establecieron plazos progresivos para ampliar su uso obligatorio. El reto, por tanto, ya no es solo contar con una reforma regulatoria, sino lograr que su implementación reduzca efectivamente los tiempos que condicionan nuevas inversiones e infraestructura.

La segunda limitante es la ciberseguridad IT/OT y la gobernanza de datos. Más autonomía significa más exposición. La convergencia entre sistemas operacionales y tecnológicos amplía la superficie de ataque en una industria donde una interrupción afecta productividad, seguridad y continuidad operacional. El 73% de las organizaciones OT encuestadas por Fortinet a nivel global reportó en 2024 una intrusión que afectó sistemas OT o la combinación de IT y OT, frente al 49% del año anterior. El dato debe leerse como una alerta para industrias intensivas en OT, incluida la minería, pero no corresponde a una medición exclusiva del sector minero. Y no se trata solo de protegerse: los modelos agénticos requieren datos confiables, integrados y trazables. Sin datos bien gobernados, ningún sistema decide bien.

La tercera condición es el capital humano. Según el Estudio de Fuerza Laboral de la Gran Minería Chilena 2025-2034, elaborado por la Alianza CCM-Eleva, la industria necesitará 36.895 nuevos trabajadores entre 2025 y 2034, y el 87,4% de esa demanda responde al recambio por retiros. El mismo estudio muestra que la incorporación tecnológica ya es relevante: un 44% de las faenas implementa o pilota herramientas de IA en extracción y procesamiento, un 48% en mantenimiento y un 54% en los Centros Integrados de Operaciones. Esto exige sumar competencias en analítica, automatización, gestión digital y ciberseguridad a la base técnica tradicional.

La incorporación tecnológica también coincide con una ampliación de la base de talento femenino. El monitoreo de indicadores de género de CCM-Eleva registró una participación femenina de 24,1% en las empresas de la gran minería durante el primer semestre de 2026, equivalente a 12.413 trabajadoras. El avance todavía no se refleja con la misma fuerza en los espacios de decisión: las mujeres ocupaban el 20,2% de los cargos de toma de decisiones en 2024. Más que un dato de diversidad, esta brecha plantea un desafío de gestión: la transformación tecnológica necesita ampliar el acceso de las mujeres no solo a la industria, sino también a los roles donde se definen sus prioridades y su futuro.

En este Mes de la Minería me gustaría reafirmar que la discusión de fondo, sin duda, es estratégica. Automatizar una tarea reemplaza una mano; gobernar una decisión rediseña quién decide, con qué datos y bajo qué responsabilidad, y son las brechas de infraestructura, regulación, ciberseguridad y talento las que determinan si la minería chilena está lista para dar ese segundo salto, o si se acumulará tecnología sobre un modelo de decisión que no cambió.