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Sofía Riff Sfeir, CEO de SCM Estefanía.

El país minero que debemos seguir construyendo

Cada 10 de agosto conmemoramos el Día del Minero en reconocimiento a quienes han hecho de este rubro una actividad fundamental para el desarrollo del país. Pero más que una celebración, constituye una oportunidad para reflexionar sobre el lugar que esta industria ocupa y seguirá ocupando en Chile.

Nuestra condición de país minero suele presentarse como una certeza. Sin embargo, la riqueza geológica, por sí sola, no garantiza que la minería continúe siendo un motor de desarrollo. Entre un recurso mineral y su transformación en una actividad productiva existe una cadena de decisiones, inversión, conocimiento, infraestructura y confianza que debemos ser capaces de sostener.

Chile enfrenta una oportunidad relevante. La transición energética y la transformación tecnológica están incrementando la demanda por minerales que serán determinantes para la economía mundial. Contamos con recursos estratégicos y con una larga experiencia minera. El desafío consiste en transformar esas ventajas en nuevos proyectos y en mayor desarrollo para nuestros territorios.

Esta tarea requiere mirar con mayor atención a la minería que todavía no existe a escala productiva. A los proyectos de exploración, a las empresas emergentes, a quienes investigan nuevos recursos y a quienes están dispuestos a invertir en iniciativas cuyo horizonte necesariamente es de largo plazo.

Desde Atacama, esta realidad resulta especialmente evidente. Nuestra región tiene una identidad profundamente vinculada a la minería y posee condiciones para continuar aportando al desarrollo del sector. Pero para ello necesitamos que la exploración y los nuevos proyectos encuentren condiciones que permitan avanzar desde el potencial geológico hacia iniciativas concretas.

La discusión minera, por tanto, no puede reducirse a cuánto producimos hoy. También debe considerar qué estamos haciendo para asegurar la producción y el conocimiento de mañana.

Eso supone contar con reglas claras, procesos que entreguen certezas y una institucionalidad capaz de compatibilizar desarrollo, protección ambiental y relación responsable con los territorios. Supone, asimismo, comprender que la inversión minera requiere horizontes extensos y que la incertidumbre tiene un costo que termina afectando precisamente a aquellos proyectos que podrían ampliar nuestra capacidad productiva.

Asimismo, la industria está incorporando nuevas generaciones de profesionales y una participación cada vez mayor de mujeres en ámbitos técnicos, ejecutivos y empresariales. No es solo una cuestión de representación. Es una oportunidad para ampliar el talento disponible y fortalecer la capacidad de una actividad que enfrentará desafíos cada vez más complejos.

Como mujer y empresaria minera, considero especialmente relevante que ese cambio alcance también los espacios donde se toman decisiones y se desarrollan nuevos proyectos. La minería necesita personas capaces de asumir riesgos, desarrollar conocimiento y sostener una visión de largo plazo, independientemente de su género o procedencia.

En este Día del Minero, mi reconocimiento es para quienes han construido la minería chilena durante generaciones. Pero también para quienes hoy están explorando, emprendiendo, invirtiendo y desarrollando los proyectos que podrían definir su próximo capítulo.

Chile no debe conformarse con haber sido un país minero. Debe asumir la responsabilidad de seguir siéndolo. Ese desafío no se resolverá únicamente con los recursos que tenemos bajo tierra. Dependerá de nuestra capacidad para transformarlos, responsablemente, en conocimiento, inversión, empleo y desarrollo. Esa es la tarea que corresponde a la generación minera de hoy.