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José Pablo Lagos Honour, Director ejecutivo de FMG | Frame Management Group.

El próximo cuello de botella de la minería de Chile puede estar fuera de la mina

Chile enfrenta uno de los mayores ciclos de inversión minera de su historia reciente. La cartera de proyectos 2025–2034 identificada por Cochilco alcanza US$104.549 millones, el mayor nivel registrado en más de una década. La oportunidad es evidente. Pero detrás de esa cifra aparece una pregunta menos cómoda: ¿tenemos la capacidad de ejecutar toda esa infraestructura como un sistema y no solamente como una suma de proyectos?

La minería moderna depende cada vez más de activos que están fuera del proceso minero tradicional. Agua, energía, transmisión, ductos, logística e infraestructura habilitante dejaron de ser elementos periféricos para convertirse en condiciones críticas para la continuidad y expansión de las operaciones.

El agua es probablemente el ejemplo más evidente. Cochilco proyecta que el consumo de agua de mar de la minería del cobre aumentará desde 7,5 m³/s en 2024 hasta 13,9 m³/s en 2034. Para entonces, representaría cerca del 68% del abastecimiento hídrico del sector.

Pero llevar agua desde el Pacífico hasta una faena ubicada a miles de metros de altura no es simplemente construir una desaladora.

El proyecto C20+ de Collahuasi permite dimensionarlo. Su sistema considera un ducto de 194 kilómetros, cinco estaciones de bombeo y transporte de agua desde la costa hasta instalaciones emplazadas sobre los 4.400 metros de altitud. En el Distrito Norte de Codelco ocurre algo similar: la infraestructura destinada a abastecer Chuquicamata, Radomiro Tomic y Ministro Hales integra planta desaladora, más de 160 kilómetros de ductos, estaciones de bombeo, líneas de transmisión, subestaciones eléctricas y sistemas de distribución que deben operar coordinadamente.

Entonces el problema cambia.

Ya no basta con que “el proyecto minero” avance correctamente. También deben hacerlo, en el momento adecuado, sus sistemas de agua, alimentación eléctrica, transmisión, contratos críticos, accesos y múltiples interfaces entre compañías, contratistas y autoridades.

La energía muestra la misma tendencia. Cochilco proyecta que el consumo eléctrico de la minería del cobre aumentará desde 27,6 TWh en 2025 hasta 33,2 TWh en 2034, un crecimiento de 20,2%, mientras la producción de cobre aumentaría 8,3% durante el mismo período. Producir el cobre del futuro requerirá, proporcionalmente, más infraestructura energética y una coordinación todavía mayor entre sistemas.

Y ahí puede estar uno de los próximos grandes riesgos de ejecución. Mientras más interdependiente se vuelve la minería, menos sentido tiene gestionar cada proyecto como una unidad aislada. Una desaladora puede cumplir su plazo y el sistema de impulsión no. Una planta puede estar disponible y la infraestructura eléctrica no. Un proyecto minero puede cumplir sus hitos internos y aun así no estar en condiciones de operar.

No se trata de sostener que la infraestructura externa será necesariamente el próximo gran cuello de botella de la minería chilena. Se trata de reconocer que el riesgo está cambiando de naturaleza: el éxito dependerá cada vez menos del desempeño individual de cada proyecto y más de nuestra capacidad para gobernar las interfaces entre ellos.

Chile tiene proyectos, inversión e ingeniería para desarrollar una nueva etapa de crecimiento minero. La pregunta es si estamos construyendo solamente más infraestructura o si también estamos desarrollando la capacidad para gobernar sistemas de proyectos cada vez más interdependientes.