Por Mario Figueroa, presidente del Comité de Medio Ambiente, Asociación de Empresas Consultoras de Ingeniería de Chile (AIC)

Desde su puesta en marcha en 1997, el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental ha contribuido a mejorar los proyectos que Chile desarrolla. Su creciente robustez responde a una aspiración compartida: compatibilizar la inversión con la protección del medio ambiente. Esa evolución también ha aumentado su complejidad y exige revisar cómo aprovechar mejor las capacidades del Estado, los titulares y sus especialistas.
El índice del SEA de marzo de 2026 registra 65 guías y 28 criterios de evaluación vigentes. Aunque buscan dar certeza técnica, su aplicación requiere claridad y proporcionalidad. A su vez, un estudio de INZAI muestra que el promedio de observaciones sectoriales por expediente observado pasó de 48,2 en 2005–2009 a 167 en 2024–2025. Estos antecedentes invitan a examinar tanto las exigencias de evaluación como la calidad de los documentos presentados.
Hacia 2030, proponemos revisar las tipologías y los umbrales de ingreso utilizando la experiencia acumulada, para concentrar esfuerzos según los riesgos ambientales y la sensibilidad del territorio. Ello requiere fortalecer las capacidades de los organismos evaluadores y facilitar el acceso a información confiable, considerando las diferencias de recursos entre titulares.
Una oportunidad decisiva es establecer una instancia estructurada de evaluación ambiental temprana de alternativas, con participación de las autoridades competentes y las comunidades. Revisar emplazamientos, trazados y tecnologías antes de cerrar el diseño permitiría identificar riesgos para ecosistemas, comunidades, pueblos indígenas y patrimonio. Su resultado debería orientar los estudios posteriores, con transparencia y probidad, sin constituir una aprobación anticipada. La consultoría chilena tiene una oportunidad de evolucionar desde un modelo centrado en el cumplimiento normativo hacia uno que contribuya de manera más temprana a las decisiones estratégicas de los proyectos.
La AIC pone a disposición la experiencia de sus profesionales para colaborar en estas mejoras. Aspiramos a proyectos más sustentables, evaluaciones oportunas y decisiones fundadas. Anticipar los conflictos cuando todavía podemos mejorar los proyectos es una tarea en la que la ingeniería en consulta tiene mucho que aportar.



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