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Francisco Miranda, Líder de Gestión Integrada del Agua de GHD en Chile.

¿Gestión hídrica o improvisación?

Las intensas lluvias y ríos atmosféricos han dirigido la conversación a la gestión del agua en Chile. Aunque estos eventos aportan precipitaciones significativas, no modifican por sí solos los desafíos estructurales, donde más del 76% de la superficie del país presenta algún grado de sequía, desertificación o degradación de suelos.

Los ríos atmosféricos son corredores de vapor de agua de miles de kilómetros que transportan grandes volúmenes de humedad desde el océano al continente. Al interactuar con la geografía chilena y los sistemas frontales, pueden generar lluvias intensas, nevadas en la cordillera, activación de quebradas y aumentos en los caudales de los ríos.

Esto evidencia la necesidad de fortalecer la gestión hídrica frente a eventos cada vez más extremos. El cambio climático está disminuyendo la frecuencia y aumentando la intensidad de fenómenos hidrometeorológicos, obligando a industrias y comunidades a prepararse frente a escenarios más complejos.

No basta con estimar cuántos milímetros de agua caerán en una zona. Es fundamental comprender cómo responderán las cuencas, embalses, cauces e infraestructuras críticas, y gestionar los riesgos asociados a inundaciones y otras emergencias.

La gestión integrada del agua es clave. El uso de modelación hidrológica e hidráulica, monitoreo en tiempo real, sistemas de alerta temprana y análisis predictivo permite anticipar escenarios y mejorar la toma de decisiones.

Se requiere infraestructura más resiliente, capaz de adaptarse a escasez hídrica y a lluvias extremas, fortaleciendo la seguridad y sostenibilidad de comunidades e industrias frente a un futuro climático más incierto. Las lluvias de este invierno son sólo un aviso.