Por: Daniel Rosende Völker, Managing Director Latin America de SMA.

Durante años, la conversación sobre almacenamiento de energía se redujo a una pregunta simple: ¿cuánta energía puede guardar un sistema y durante cuánto tiempo? Sin embargo, el rápido avance de las energías renovables está cambiando las reglas del juego. Hoy, la discusión ya no gira solo en torno a la capacidad o duración de las baterías, sino también a cómo estas tecnologías pueden contribuir activamente a la estabilidad, fortaleza y confiabilidad del sistema eléctrico.
Esta evolución se observa con claridad en Latinoamérica. Actualmente, cobran mayor relevancia la capacidad Grid Forming, la respuesta dinámica ante perturbaciones, la calidad de los modelos eléctricos, el cumplimiento de los códigos de red y la disponibilidad de soporte técnico especializado durante el ciclo de vida del proyecto. Este cambio responde a una necesidad estructural. A medida que aumenta la participación de fuentes variables como la solar y la eólica, y disminuye la presencia relativa de generación síncrona convencional, los sistemas eléctricos disponen de menores niveles de inercia, potencia de cortocircuito y capacidad natural para sostener la tensión y la frecuencia ante una perturbación. Este desafío es especialmente relevante en Chile, donde la concentración geográfica de generación renovable y las restricciones de transmisión agregan complejidad a la operación del Sistema Eléctrico Nacional.
Aquí es donde el Grid Forming marca la diferencia. A diferencia de los inversores tradicionales Grid Following, que requieren una referencia de tensión y frecuencia existente para sincronizarse con la red, un inversor Grid Forming puede establecer y sostener activamente esas variables. Esto le permite responder en milisegundos frente a variaciones de frecuencia, tensión o potencia, aportando capacidades como inercia basada en inversores, amortiguamiento de oscilaciones, soporte dinámico de tensión y fortalecimiento de redes débiles.
Sin embargo, contar con un inversor que declare capacidad Grid Forming no garantiza por sí solo el desempeño esperado. Estas funciones deben analizarse y verificarse considerando el sistema completo: batería, convertidores de potencia, control de planta, transformadores, protecciones, comunicaciones y parámetros de control. También resulta fundamental asegurar la consistencia entre los modelos utilizados en los estudios, el firmware instalado y la configuración final de los equipos.
En Chile, esta discusión ha dejado de ser teórica. El país ya cuenta con una cartera superior a 10 GW de almacenamiento entre proyectos en operación, construcción y desarrollo, según cifras de Acera. El desafío, por tanto, no consiste únicamente en incorporar más capacidad, sino en asegurar que estos sistemas se integren eficientemente y entreguen prestaciones útiles para la seguridad operacional del sistema.
En esa dirección, el Coordinador Eléctrico Nacional publicó en mayo de 2026 la Guía para la Verificación de Instalaciones Basadas en Inversores Grid Forming. El documento establece una ruta de verificación que considera modelos y ensayos de laboratorio antes de la conexión, pruebas en terreno durante la puesta en servicio y monitoreo continuo durante la operación comercial. La guía también incorpora simulaciones electromagnéticas transitorias, ensayos Hardware-in-the-Loop y criterios de trazabilidad de modelos, parámetros y firmware.
Este enfoque es particularmente relevante porque el comportamiento Grid Forming no puede evaluarse únicamente mediante especificaciones estáticas. Es necesario analizar fenómenos rápidos y no lineales, entre ellos la respuesta durante fallas, la limitación de corriente, la recuperación posterior a perturbaciones y la interacción entre múltiples inversores. Asimismo, los modelos de simulación deben representar de manera suficientemente fiel el comportamiento real de los equipos.
En definitiva, el almacenamiento está evolucionando desde una función principalmente energética hacia una función sistémica. Un BESS ya no debe evaluarse solo por sus MW, MWh u horas de autonomía, sino también por su capacidad para responder durante los primeros milisegundos y segundos posteriores a una perturbación, sostener la tensión y contribuir al control de frecuencia.
La pregunta clave para Chile ya no es únicamente cuánta capacidad de almacenamiento puede incorporar el país. La pregunta decisiva es otra: ¿qué tan preparados están esos sistemas para sostener la red eléctrica del futuro?



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