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El enfoque, desarrollado a partir de la experiencia del Terminal Oxiquim Mejillones, permite definir el desempeño que requieren los activos según la demanda operacional y orientar con mayor precisión las decisiones de mantenimiento, inversión y gestión de riesgos.

Oxiquim presenta metodología para detectar brechas de continuidad operacional

En el Congreso Internacional de Mantenimiento y Confiabilidad CMC Cartagena 2026, el gerente del Terminal Oxiquim Mejillones, Felipe Valenzuela Arce, presentó una metodología que propone cambiar la forma en que las industrias definen y gestionan la confiabilidad de sus activos: partir por las necesidades del negocio y no exclusivamente por las capacidades actuales del mantenimiento.

Bajo el título «De Producción a Mantenimiento: cómo definir la confiabilidad requerida en operaciones brownfield», la exposición abordó uno de los principales desafíos de las instalaciones que deben modernizarse o ampliar su capacidad mientras continúan operando: asegurar que la infraestructura disponible responda de manera consistente a los compromisos productivos, comerciales, de seguridad y de cumplimiento regulatorio.

En muchas operaciones industriales, las estrategias de mantenimiento se han construido históricamente a partir de prácticas heredadas, restricciones presupuestarias o recomendaciones de fabricantes. Sin embargo, esos criterios no siempre permiten comprobar si el desempeño real de los activos es suficiente para sostener la capacidad productiva y el nivel de servicio que requiere la organización. La diferencia entre ambas capacidades puede traducirse en menor productividad, mayores costos y una exposición más alta al riesgo operacional.

“La confiabilidad requerida no debe definirse a partir de las capacidades actuales del mantenimiento, sino derivarse de los objetivos estratégicos del negocio y de la demanda operacional que la organización necesita satisfacer”, explicó Felipe Valenzuela.

Metodología que parte por la demanda operacional

La metodología se estructura en cuatro etapas. Primero, define la demanda operacional en términos de capacidad productiva, volumen de procesamiento o nivel de servicio esperado. Luego establece la Disponibilidad Operacional Requerida (DOR), es decir, el desempeño mínimo que debe alcanzar el sistema para cumplir sus compromisos. En una tercera fase, modela la instalación mediante Diagramas Lógicos Funcionales y Diagramas de Bloques de Confiabilidad (RBD), con el fin de representar las dependencias entre activos, subsistemas y funciones críticas. Finalmente, compara la disponibilidad efectiva con la requerida por el negocio para identificar brechas y determinar la Confiabilidad Requerida del Sistema.

Cuando se detectan diferencias, el análisis permite revisar de manera estructurada los factores que limitan el desempeño: criticidad de activos, estrategias de mantenimiento, ciclos de detenciones mayores, gestión de repuestos, eficiencia operacional, integridad de activos y proyectos de inversión. Con ello, las decisiones pueden priorizarse según su impacto en la continuidad operacional y en la generación de valor, en lugar de responder únicamente al comportamiento histórico de los equipos.

El desafío se inserta en un ciclo de fuerte inversión minera en el país. Según Cochilco, la cartera de proyectos 2025-2034 alcanza US$104.549 millones, el mayor nivel en más de una década, e incluye iniciativas asociadas tanto al crecimiento como a la continuidad de operaciones existentes. En ese escenario, ampliar capacidad supone también que la infraestructura en servicio pueda responder de manera sostenida a mayores exigencias de producción y operación.

Aprendizajes desde Oxiquim Mejillones

La propuesta recoge la experiencia desarrollada durante los últimos años en el Terminal Oxiquim Mejillones, donde se han fortalecido capacidades de gobernanza, análisis de criticidad, confiabilidad operacional, integridad de activos, planificación del mantenimiento y gestión de información mediante SAP PM. Estos avances dieron paso a una Política de Gestión de Activos sustentada en cuatro pilares: Personas, Procesos, Activos y Sistemas.

Este proceso ha permitido ampliar el foco desde el desempeño individual de los equipos hacia la capacidad del sistema completo para sostener los niveles de servicio, gestionar el riesgo operacional y acompañar los planes de crecimiento del terminal. En este marco, la gestión de activos deja de ser entendida solo como una función de soporte y pasa a constituirse en una capacidad estratégica para el negocio.