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Enrique Jelvez Montenegro, Departamento de Ingeniería de Minería UC.

Inteligencia artificial en minería: el verdadero desafío no es tecnológico, es humano.

Por años, hablar de innovación minera evocó imágenes de maquinaria más grande, procesos más eficientes o nuevas tecnologías de extracción. Hoy, sin embargo, la transformación que vive la industria tiene un componente distinto: la inteligencia artificial. Y aunque muchas veces la conversación pública se centra en si esta tecnología reemplazará o no a las personas, quizás la pregunta más relevante sea otra: ¿estamos preparados para liderar este cambio?

La inteligencia artificial ya está impactando de manera transversal la cadena de valor minera. Su presencia no es una promesa futura, sino una realidad concreta. Está siendo utilizada en la exploración de nuevos depósitos, en el modelamiento de recursos y reservas, en la planificación y diseño minero, en la operación de equipos autónomos tanto en minas a cielo abierto como subterráneas, en el procesamiento de minerales e incluso en el transporte, comercialización y venta del producto final.

¿Qué hace tan valiosa esta tecnología para la minería? Su capacidad para procesar grandes volúmenes de datos en tiempo real y apoyar decisiones complejas bajo condiciones de incertidumbre. Esto permite avanzar desde sistemas reactivos hacia sistemas predictivos, mejorando la eficiencia, reduciendo costos y aumentando la seguridad operacional.

Naturalmente, uno de los mayores temores frente a este escenario es el futuro del empleo. Sin embargo, la historia de las revoluciones tecnológicas muestra que el problema rara vez es la desaparición masiva del trabajo. Lo que ocurre es una transformación profunda de los roles existentes.

Aquellas labores repetitivas, manuales o basadas en reglas predefinidas son las más susceptibles de automatización. Algunas tareas de muestreo en exploración, la operación manual de equipos como perforadoras, palas y camiones, o el monitoreo rutinario de condiciones para mantenimiento podrían ser ejecutadas crecientemente por sistemas inteligentes. Pero eso no significa prescindir de las personas. Siempre será necesario contar con profesionales capaces de supervisar estos sistemas, interpretar resultados y actuar frente a situaciones excepcionales que ningún algoritmo puede anticipar completamente.

Al mismo tiempo, emergerán nuevos perfiles laborales. Ingenieros de datos que aseguren la calidad y confiabilidad de la información; científicos de datos capaces de desarrollar modelos predictivos; especialistas en sistemas autónomos; expertos en ciberseguridad industrial; profesionales dedicados a integrar plataformas digitales complejas. Y, especialmente, ingenieros e ingenieras de minas capaces de comprender integralmente la cadena de valor y liderar procesos de transformación digital que realmente generen valor para la industria.

En este contexto, Chile posee ventajas significativas. La formación de sus ingenieros es reconocida internacionalmente y el país cuenta con operaciones mineras de gran escala que funcionan como verdaderos laboratorios naturales para la adopción tecnológica. Sin embargo, disponer de tecnología y talento no garantiza automáticamente el éxito.

La transformación digital en minería es, ante todo, un proceso humano. Requiere comprender cuándo una herramienta basada en inteligencia artificial agrega valor y cuándo no; formar profesionales con pensamiento crítico y fundamentos sólidos; y entender que la innovación ocurre en una industria intensiva en capital, expuesta a múltiples fuentes de incertidumbre y con una natural aversión al riesgo. Por ello, los cambios suelen implementarse con cautela y, muchas veces, con lentitud.

Pero los desafíos que enfrenta hoy la minería —aumentar la productividad, operar bajo estándares cada vez más exigentes de seguridad y responder a un entorno crecientemente complejo— hacen indispensable avanzar en esta dirección.

La inteligencia artificial no reemplazará el juicio humano ni eliminará la necesidad de liderazgo. Más bien, obligará a desarrollar nuevas capacidades para tomar mejores decisiones. El futuro de la minería no dependerá únicamente de quién tenga acceso a la mejor tecnología, sino de quién logre formar a las personas capaces de utilizarla con criterio, responsabilidad y visión estratégica.

Porque, al final del día, el activo más importante de la minería seguirá siendo el mismo de siempre: las personas.