Home +562 2225 0164 [email protected]
Síguenos

Por Nicolás Orellana, CCO de X Analytic by SGS.

La brecha que los permisos no resuelven

Chile está a punto de vivir uno de los ciclos de inversión minera más intensos de su historia reciente. La cartera de proyectos para la próxima década supera los US$104.000 millones, y la nueva Ley Marco de Autorizaciones Sectoriales apunta a reducir hasta en un 70% los tiempos de tramitación. Es una señal relevante para destrabar inversión, pero abre una pregunta menos visible: ¿puede la industria ejecutar y sostener sus compromisos ambientales tan rápido como espera aprobar sus permisos?

El punto es clave porque cerca del 81% de esa cartera no corresponde a minas nuevas, sino a proyectos sobre operaciones existentes: ampliaciones, reposición de equipos y optimización de faenas que ya están produciendo. No se trata de levantar infraestructura desde cero, sino de intervenir sistemas en marcha, con equipos críticos en movimiento y compromisos productivos que no pueden detenerse.

En ese escenario, el cuello de botella no está solo en los permisos. Está en la capacidad de planificar los trabajos cruzados, esos puntos donde un proyecto nuevo opera sobre una faena en marcha. Ahí se vuelve crítico anticipar fallas, ordenar datos dispersos y tomar decisiones antes de que un problema escale. Durante años, la gestión industrial se apoyó en inspecciones periódicas, reportes posteriores al incidente y correcciones una vez ocurrido el evento. Ese modelo respondió a otra escala. Pero el ciclo que viene exige pasar de una lógica reactiva a una predictiva.

Ahí es donde la innovación deja de ser un discurso y se transforma en infraestructura operacional. En minería, los modelos predictivos pueden anticipar eventos no deseados como fallas e incumplimientos medioambientales antes de un desastre. La visión artificial puede identificar materiales no triturables en correas o sistemas de chancado. La analítica multivariable puede reducir tiempos de diagnóstico mediante identificación de anomalías y ayudar a que las paradas de mantenimiento sean planificadas.

La misma lógica aplica a la desalación: detectar fugas tempranas, monitorear estaciones de bombeo y optimizar la operación hidráulica no es un lujo tecnológico, sino parte de la resiliencia que necesitará el país para producir en zonas de estrés hídrico.

Por eso, hablar de permisos sin hablar de tecnología deja incompleta la conversación. La velocidad regulatoria puede abrir la puerta a la inversión, pero la ejecución dependerá de otra capacidad: integrar datos, anticipar riesgos y gobernar procesos críticos con evidencia en tiempo real. En una industria donde mejoras de un solo dígito pueden representar millones, la transformación digital no es un accesorio, sino una condición de competitividad.

Chile tiene en el cobre y los minerales críticos una oportunidad concreta para capturar valor. Pero aprovecharla bien no dependerá solo de cuánto se invierte ni de cuán rápido se aprueban los proyectos. Dependerá de qué tan inteligentemente se ejecutan. La próxima brecha minera no será solo administrativa. Será tecnológica, predictiva y de gestión ambiental.