Por José Antonio Lagos, CEO de Cybertrust.

Chile enfrenta una nueva etapa de inversión minera. La cartera de proyectos de Cochilco para el período 2025-2034 contempla iniciativas de cobre, oro, hierro, litio y minerales industriales, tanto de compañías privadas como estatales. La discusión suele concentrarse, con razón, en cuánto invertiremos, qué proyectos se concretarán y cuál será su impacto en producción y competitividad. Sin embargo, existe otra pregunta que será cada vez más relevante: ¿cuánto de esa nueva infraestructura minera incorporará la ciberseguridad desde su diseño?
La pregunta importa porque construir una mina hoy es muy diferente a hacerlo hace algunas décadas. Las operaciones actuales integran tecnologías IT y OT, centros remotos de operación, sensores, equipos autónomos, plataformas en la nube, inteligencia artificial y miles de dispositivos conectados. Cada nueva conexión permite capturar información, automatizar procesos y mejorar la productividad, pero también amplía la superficie potencial de ataque.
En este escenario, la ciberseguridad no puede seguir entendiéndose como una capa tecnológica que se agrega una vez terminada la infraestructura. Una mina diseñada para operar durante décadas necesita incorporar la seguridad desde su ingeniería, de la misma manera en que considera desde el comienzo aspectos como disponibilidad eléctrica, seguridad física, continuidad operacional o gestión del agua.
Esto implica adoptar un enfoque de security by design. Antes de que una planta, un centro de control o un sistema autónomo comience a operar, deberían estar definidos aspectos como la segmentación entre redes IT y OT, los mecanismos de autenticación y control de accesos, el monitoreo permanente, la protección de datos, la gestión de vulnerabilidades y los protocolos de respuesta y recuperación frente a incidentes.
Existe además un desafío adicional: buena parte de la infraestructura minera se construye a través de complejos ecosistemas de proveedores, integradores tecnológicos, fabricantes de equipos, empresas de ingeniería, desarrolladores de software y contratistas pueden acceder o conectarse a sistemas críticos. Por eso, la seguridad de una nueva operación dependerá no solo de las capacidades de la compañía minera, sino también de los estándares que exija a toda su cadena de suministro.
Incorporar estas capacidades durante la fase de diseño tiene otra ventaja: permite evitar el costo y la complejidad de modificar posteriormente sistemas que pueden haber sido concebidos para funcionar durante 20 o 30 años. Corregir vulnerabilidades cuando una operación ya está funcionando suele ser mucho más difícil que prevenirlas desde el comienzo.
La cartera que hoy proyecta Cochilco es, por tanto, mucho más que una radiografía de las inversiones que definirán la minería chilena de la próxima década. Es también una oportunidad para decidir qué tipo de infraestructura queremos construir. Si aspiramos a una minería más autónoma, conectada, inteligente y productiva, tendremos que asegurarnos de que también sea más resiliente.



Comentarios (0)
Participa de la conversación. Tu comentario se publicará una vez revisado por el equipo editorial.