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Por Carolina Leiva, Gerenta de Minería en Ecológica.

La gran brecha de la minería verde: ¿Por qué la circularidad se juega en la cultura de la faena?

En el Mes de la Minería, Chile vuelve a poner en el centro del debate el rol estratégico de esta industria como motor del desarrollo nacional. Hoy, la conversación ya no gira únicamente en torno a las cifras de producción o las fluctuaciones del precio del cobre, sino también en torno a un desafío ineludible: cómo consolidar una minería verdaderamente sostenible y compatible con las exigencias globales en materia de ambientales, sociales y de gobernanza.

La minería ha dado pasos clave. Los reportes corporativos de las principales compañías que operan en el país muestran metas ambiciosas de descarbonización, reducción de la huella hídrica y valorización de residuos. Sin embargo, detrás de estos compromisos declarados en los directorios, existe un desafío silencioso y complejo: la brecha entre la estrategia corporativa y lo que ocurre en el día a día de la operación.

Hace décadas, la seguridad minera dejó de ser un manual guardado en una oficina para convertirse en una cultura viva, un valor intransable y un hábito internalizado por cada persona que pisa un yacimiento. Hoy, el desafío es replicar ese mismo fenómeno con la economía circular.

Pero ¿por qué cuesta tanto dar ese salto? El problema no se resuelve únicamente con tecnología, inversión o nuevas metas corporativas. También requiere una transformación cultural. El impacto ambiental de un proceso no se gestiona solo al final de la línea, cuando el residuo ya se generó. El verdadero cambio ocurre mucho antes: en el diseño de los procesos y en las decisiones tempranas de los equipos técnicos, desde la elección de los insumos y la planificación de las mantenciones hasta la reutilización, segregación y trazabilidad de los materiales.

Frente a este escenario, cerrar esta brecha exige impulsar programas de transformación organizacional que vayan al corazón del negocio. Bajo esa premisa surge EcoChange, una metodología orientada a integrar la economía circular en las decisiones, procesos y hábitos de los equipos de trabajo.

En lugar de abordar la sostenibilidad como una capacitación teórica aislada, este enfoque busca incidir en el comportamiento y las decisiones tempranas de las personas en sus puestos de trabajo, vinculando los objetivos ambientales con los desafíos concretos que enfrentan los equipos en cada turno. Llevar esta visión a la faena exige un proceso continuo. Comienza por asegurar el compromiso visible de la alta dirección para trazar una hoja de ruta clara, y continúa habilitando a los equipos en terreno con herramientas prácticas para que se conviertan en agentes del cambio. Finalmente, para que estos hábitos perduren, la circularidad debe integrarse en los indicadores de desempeño, visibilizando los logros locales y reconociendo las buenas ideas de los propios trabajadores.

La economía circular no es un hito de cumplimiento normativo; es una capacidad organizacional que se entrena. Si en el pasado logramos internalizar la seguridad como un reflejo innegociable en cada faena, el desafío actual es hacer lo mismo con la circularidad: que deje de ser una meta corporativa en un papel y pase a ser, sencillamente, la forma en que decidimos operar en cada turno.