Patricio Lagarini, Gerente General Epiroc Cono Sur.

La minería en el Cono Sur enfrenta un punto de inflexión. Chile y Argentina, dos de los territorios más relevantes del mundo en posesión de reservas de cobre y litio, están llamados a jugar un rol decisivo no solo en la provisión de recursos estratégicos para la transición energética global, sino también en la forma en que esta industria evoluciona. Hoy, más que nunca, la competitividad del sector dependerá de su capacidad para transformarse en una minería inteligente: más segura, más eficiente y, sobre todo, más sostenible considerando el entorno en cada sitio minero.
Acelerar esa transformación es posible y, en ese camino, hay tres ejes que resultan ineludibles: la automatización, la electrificación y la digitalización. Estos pilares claves no son una promesa futura, sino una condición presente que impulsamos a través de tecnología de vanguardia para elevar la productividad operacional, reducir costos, minimizar el impacto ambiental y aumentar las condiciones de seguridad de la operación y de las y los operadores. En mercados como el chileno —históricamente líder en producción de cobre— y el argentino —con un enorme potencial exportador—, su adopción puede marcar la diferencia entre consolidar su relevancia global o rezagarse frente a otros polos mineros emergentes.
Pero esta transformación no ocurre en solitario. Requiere de un ecosistema robusto, donde empresas, autoridades, proveedores del sector y comunidades trabajen de manera coordinada. En este sentido, el fortalecimiento de la colaboración entre todos los actores de ambos países aparece como una oportunidad estratégica. La complementariedad de sus recursos, capacidades y agendas de transición energética puede acelerar el desarrollo de una minería más integrada, eficiente y alineada con los desafíos globales.
Como industria proveedora, tenemos la responsabilidad de ser un facilitador activo de este proceso. Más allá del desarrollo de equipos con tecnología de vanguardia, el desafío está en aportar soluciones integrales que acompañen a los clientes en toda la cadena de valor para responder de manera eficiente a los complejos desafíos de la minería actual.
Este enfoque requiere, además, un cuarto motor de transformación que con frecuencia queda relegado, pese a ser determinante: las personas. Detrás de cada avance tecnológico, mejora en productividad o salto en sostenibilidad, hay equipos humanos capaces de imaginar, diseñar, probar y escalar nuevas soluciones. Porque más allá del desarrollo de tecnología de punta; el valor real se genera cuando las personas activan y conectan soluciones, identifican sinergias entre áreas y construyen propuestas integradas que aporten resultados concretos al ecosistema.
Por ello, nuestro compromiso con la innovación, la seguridad y la sustentabilidad no es solo declarativo: es operativo. Supone estar disponibles, acompañar, entender los desafíos específicos de la operación minera moderna y co-crear soluciones a medida. En minería, donde cada faena tiene condiciones únicas, la capacidad de adaptación y cercanía es tan relevante como la tecnología misma.
Chile, como país minero por excelencia, tiene una ventaja competitiva que debe cuidar y proyectar. Su institucionalidad, profesionalismo, expertise y ecosistema de proveedores lo posicionan como un referente regional. La presión por aumentar la productividad, reducir emisiones y responder a estándares ambientales cada vez más exigentes obliga a dar un salto cualitativo. Y la minería inteligente, es el camino para sostener su liderazgo.
En ese contexto, avanzar hacia operaciones con mayor automatización, electrificación y digitalización junto a las personas es una prioridad porque no solo permitirá optimizar la producción de minerales críticos, sino también fortalecer la competitividad del Cono Sur en su conjunto. Es una tarea compartida, que demanda visión estratégica, inversión y colaboración.
Hoy, la minería no solo extrae recursos: construye futuro. Y ese futuro será, inevitablemente, más inteligente.

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