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Proteger las comunicaciones en línea no significa infundir miedo entre los empleados, sino construir un entorno en el que la tecnología y el sentido común trabajen en conjunto.

viernes 12 de diciembre del 2025.- La seguridad digital en una empresa no depende únicamente de los firewalls o de contraseñas complejas. El factor humano tiene un peso igual de determinante. Cada mensaje, cada archivo y cada conversación que circula por la red puede transformarse, sin que nadie lo perciba, en una puerta abierta a riesgos innecesarios.
Aun así, proteger las comunicaciones en línea no significa infundir miedo entre los empleados, sino construir un entorno en el que la tecnología y el sentido común trabajen en conjunto. Por ello, es fundamental ofrecer pautas claras: desde explicar qué es una VPN y para qué sirve, hasta enseñar a identificar correos sospechosos que puedan derivar en ataques de ingeniería social.
La red: el punto más delicado
Muchas empresas piden a sus equipos que tengan cuidado, que no abran correos y enlaces sospechosos. Eso está bien, claro. Pero eso no es suficiente si la red corporativa no está blindada desde el principio.
Aquí es donde la protección real empieza con lo técnico: cifrado, autenticación, segmentación y, por supuesto, una VPN corporativa que asegure cada conexión. Una VPN crea un túnel seguro, un canal invisible que evita que los datos viajen “al aire” sin protección. Es útil en la oficina, esencial en el teletrabajo y completamente imprescindible cuando los empleados se conectan desde redes públicas o compartidas.
Contar con una estrategia de seguridad bien definida, de hecho, permite reducir riesgos antes de que lleguen a los usuarios. Y eso, por sí solo, ya simplifica la vida de todos.
Políticas claras que no queden en el cajón
Una empresa puede tener las mejores herramientas del mundo, pero si nadie sabe cómo usarlas… sirven poco. Por ello, las políticas de comunicación deben ser simples, cortas y fáciles de recordar. Qué apps están permitidas, cómo se manejan los documentos internos, cuándo usar cifrado adicional, qué hacer ante una sospecha. Todo debe estar definido.
El detalle importante es que estas reglas deben aplicarse de verdad. No basta con enviarlas por correo una vez. Hay que recordarlas, revisarlas y adaptarlas. Y explicarlas sin tecnicismos. Si el trabajador entiende por qué algo es importante, lo respeta más.
Estas políticas deben incluir desde protocolos para compartir archivos hasta medidas específicas de control de uso de email, uno de los canales más vulnerables en el entorno corporativo.
Herramientas internas, no improvisadas
Es habitual ver a equipos usando aplicaciones de mensajería gratuitas para coordinarse rápido. Funciona, sí. Pero no siempre es lo más seguro.
Las empresas necesitan plataformas que protejan los mensajes desde que se envían hasta que llegan, con cifrado, control de accesos y registro de actividad. Herramientas corporativas —propias o de proveedores de nivel empresarial— permiten establecer permisos por usuario, restringir descargas, archivar conversaciones importantes y detectar comportamientos inusuales.
Una plataforma interna bien configurada es como una oficina con puertas y candados. No impide trabajar, pero evita muchas sorpresas desagradables. Y todo eso parte de una inversión continua en el mantenimiento de sistema de comunicaciones, no solo en su instalación inicial.
Formación práctica, no teórica
Muchos empleados sienten que las charlas de ciberseguridad son aburridas. Y, seamos honestos, muchas veces lo son. Listas de recomendaciones, diapositivas llenas de texto, ejemplos que no se parecen a la vida real.
La clave está en cambiar el enfoque. Usar ejemplos cotidianos. Simular intentos de suplantación de identidad. Presentar un correo electrónico falso auténtico y justificar por qué es así. Repetir costumbres pequeñas: verificar quién envía el mensaje, desconfiar de archivos urgentes, abstenerse de compartir credenciales (aunque sea por un instante). Este tipo de ejercicios tiene un impacto.
Cuando la formación se basa en situaciones que podrían ocurrir mañana, el aprendizaje se vuelve automático. Además, es una excelente oportunidad para introducir conceptos esenciales como qué son derechos digitales, y cómo su conocimiento mejora la cultura de seguridad en toda la organización.
El equipo de TI como aliado visible
El departamento técnico no solo resuelve problemas. También es necesario adelantarse a ellos. Examinar dispositivos, actualizar el software, observar los accesos y encontrar irregularidades. Su trabajo es crítico, aunque silencioso.
Un intento de ingreso desde otro país, la aparición de un archivo raro en un servidor, descargas masivas fuera del horario previsto… son indicios pequeños que pueden ser ignorados por cualquiera menos por aquel que está alerta.
Los equipos de TI deben tener espacio, recursos y autoridad para actuar rápido. La seguridad es más fuerte cuando este departamento no trabaja “en las sombras”, sino en coordinación con todos.
Las personas: el riesgo y la solución
Ningún sistema, por perfecto que sea, resiste un error humano grave. Basta un clic impulsivo o un archivo enviado al destinatario incorrecto. Por eso, más que culpabilizar, lo importante es crear una cultura donde pedir ayuda sea normal y reportar un error no genere miedo.
Cuando los empleados sienten que pueden consultar dudas sin vergüenza, la seguridad mejora de manera natural. Se detienen. Analizan. Preguntan. Y esa pausa, tan sencilla, evita incidentes que podrían costar miles.
Conclusion
Proteger las comunicaciones internas no es algo que se implementa una vez y ya está. Es un proceso vivo. Cambian las herramientas, cambian las amenazas, cambian las formas de trabajar. La estrategia debe adaptarse a cada etapa.
Usar una VPN, reforzar la red, elegir plataformas seguras, educar con ejemplos reales, establecer un control de uso de email, integrar formación constante y garantizar el mantenimiento de sistema de comunicaciones son pilares que funcionan juntos. Ninguno reemplaza al otro.
En el fondo, hablamos de cuidar el valor más importante de una empresa: la información. Si fluye segura, el negocio avanza con confianza. Si no, todo se vuelve frágil. Por eso, crear un entorno donde la comunicación interna sea sólida, privada y bien protegida no es un lujo, sino una necesidad. Y cuanto antes se asuma, mejor para todos.
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