Chile
Secretario Ejecutivo de OLACDE advirtió efectos en combustibles, transporte y alimentos, y llamó a fortalecer la integración energética regional.

miércoles 06 de mayo del 2026.- El conflicto en Medio Oriente ya tiene efectos concretos en las economías de América Latina y el Caribe (ALC). Desde febrero de 2026, el precio internacional del petróleo ha aumentado en alrededor de 50% con un impacto en el precio interno de las gasolinas y diésel que se ha incrementado, en promedio, en un 15% y 21% respectivamente, generando fuertes presiones inflacionarias y mayor gasto fiscal como respuesta a este shock económico.
Así lo advirtió Andrés Rebolledo, secretario ejecutivo de OLACDE, quien explicó que este tipo de crisis evidencia la alta exposición de la región a la volatilidad energética global. “Estamos frente a un shock significativo que se ha trasladado rápidamente a los precios de los combustibles, afectando directamente al transporte, la logística y, en cadena, a los alimentos y bienes esenciales”, señaló.
Pese a que América Latina concentra cerca del 10% de la producción mundial de petróleo y proyecta un crecimiento relevante hacia 2030, su estructura energética mantiene una fragilidad persistente. La región exporta crudo, pero depende en gran medida de la importación de productos refinados, lo que la deja particularmente expuesta ante disrupciones en los mercados internacionales. Esta situación se ve acentuada por una capacidad de refinación limitada y por la relevancia que aún tienen los combustibles fósiles en la matriz energética primaria, incluso en un contexto donde la generación eléctrica ya alcanza altos niveles de participación renovable.
Presiones inflacionarias
Cuando sube el precio del petróleo, la inflación también aumenta debido a la presión adicional. Según OLACDE, un aumento de US$10 por barril genera cerca de 0,2 puntos de incremento en la inflación regional, impactando especialmente sectores como transporte y alimentos. Además, los gobiernos enfrentan más presión fiscal porque deben tomar medidas para proteger a los consumidores, como otorgar subsidios, reducir impuestos o aplicar mecanismos que estabilicen los precios.
El efecto no es homogéneo. Las economías con matrices energéticas más diversificadas y sistemas de regulación de precios tienden a absorber mejor este tipo de shocks, mientras que aquellas más dependientes de las importaciones de petróleo o con menor capacidad de intervención enfrentan mayores riesgos de inflación.
“Para economías como la chilena, este escenario refuerza la necesidad de seguir avanzando en la diversificación energética y reducir la exposición a la volatilidad externa”, sostuvo el secretario ejecutivo de OLACDE.
La semana pasada, OLACDE organizó un Diálogo Ministerial para abordar la crisis energética. Los ministros coincidieron en que una respuesta regional es más efectiva que acciones nacionales aisladas. Propusieron tres pilares: mayor integración energética para optimizar recursos y seguridad; una hoja de ruta para coordinar soluciones; y una transición energética, vista no solo como meta ambiental, sino también como política de soberanía para reducir la dependencia de combustibles importados.
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