Chile
Por: Rodolfo Cáceres, Socio y Director de Ingeniería y Arquitecturas Tecnológicas Vantaz Group.
En este escenario, la digitalización se ha consolidado como un habilitador relevante de productividad y toma de decisiones. Sin embargo, este avance también ha ampliado de manera significativa la superficie de ataque, especialmente en entornos donde convergen tecnologías de la información (IT) y de operación (OT). La ciberseguridad dejó de ser un problema exclusivamente tecnológico para transformarse en un desafío de personas, procesos y continuidad del negocio.
Esta realidad se refleja con particular fuerza en proyectos de alto impacto, como los upgrades de sistemas de control de planta, iniciativas de autonomía, automatización, IoT y centros integrados de operación. Estos desarrollos reúnen perfiles altamente calificados y concentran decisiones críticas para la operación, lo que —sumado a su alto nivel de integración y centralización— incrementa significativamente su criticidad frente a incidentes cibernéticos.
Existe la percepción de que la principal brecha en ciberseguridad minera es la falta de especialistas. En la práctica, el desafío es más específico: no basta con expertos certificados, sino con experiencia acumulada en operación real. Las llamadas “horas de vuelo” —enfrentar incidentes, evaluar impactos al negocio y responder bajo presión operacional— son las que permiten proteger infraestructuras críticas donde un ataque puede afectar directamente procesos de una operación minera y su arquitectura tecnológica.
Hoy, estos eventos ya se evalúan como riesgos del negocio, con impactos potenciales financieros, operacionales, ambientales y reputacionales. Integrar la ciberseguridad al final de un proyecto resulta costoso y riesgoso; hacerlo desde el diseño exige equipos que comprendan la operación y sus dependencias.
La transformación digital está redefiniendo los perfiles laborales del sector. La automatización, la operación remota y el uso intensivo de datos elevan el estándar de formación requerido y hacen más evidente la brecha de experiencia, especialmente en ciberseguridad. No bastan plataformas robustas o arquitecturas avanzadas, se requiere capital humano capaz de priorizar servicios críticos y tomar decisiones cuando la continuidad operacional está en riesgo.
Este mismo capital humano requiere concientización, capacitación permanente y un marco de gobernanza claro respecto de sus responsabilidades al momento de actuar. La cultura organizacional, además, debe identificar brechas y riesgos de manera integral —no periférica— para construir una estrategia sólida y bien estructurada en la materia.
Si Chile aspira a sostener un nuevo ciclo de inversiones mineras, más exigente en productividad, el foco no puede estar solo en infraestructura o tecnología. El capital humano, y en particular la experiencia de quienes operan y protegen sistemas críticos, será un factor decisivo para la competitividad de la minería chilena en la próxima década.
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