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Chile

La transición energética avanza en Chile, pero factores como costos, transmisión y operaciones remotas obligan a una implementación gradual.

Transición a energías verdes: La minería no puede descarbonizarse de un día para otro

martes 02 de junio del 2026.- Chile se impuso metas ambiciosas para alcanzar la neutralidad de carbono en 2050 y avanza firmemente en su cumplimiento.

Según la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés), en su reporte Chile 2050 Energy Transition Roadmap, el país ha logrado avances importantes: las energías de bajas emisiones pasaron de representar un 24% del consumo energético en 2010 a un 38% en 2024, mientras que las energías renovables ya generan más del 34% de la electricidad. Sin embargo, la transición implica una transformación profunda con costos significativos y desafíos operativos.

“Tecnologías como el hidrógeno o incluso algunos proyectos eólicos son muy eficientes, pero todavía tienen costos muy altos. Una sola turbina puede costar alrededor de US$20 millones, lo que dificulta su adopción masiva en el corto plazo”, explica Débora Tavares, especialista en soluciones sustentables de Aggreko.

A esto se suma la necesidad de expandir y modernizar la infraestructura. Según la IEA, la red eléctrica del país deberá crecer un 40% para 2035 y más que triplicarse para 2050, junto con mayores inversiones en almacenamiento y digitalización. Paralelamente, la Asociación Chilena de Energías Renovables y Almacenamiento (Acera) advierte que la integración eficiente de las energías renovables sigue siendo un desafío. A marzo de 2026, el sistema acumulaba cerca de 1.877 GWh de energía renovable recortada, es decir, energía disponible que no logró ser transportada, almacenada ni consumida.

Así, los altos costos iniciales de las tecnologías limpias y la descoordinación entre la generación, la transmisión y el consumo siguen siendo barreras relevantes para acelerar la transición energética. Esto explica por qué la dependencia de los combustibles fósiles sigue siendo elevada: solo en 2024, Chile destinó cerca de US$14.000 millones a la importación de estos combustibles, según la IEA.

Paso a paso: el modelo más realista

Desde una mirada sistémica, el camino no consiste en reemplazar de golpe las tecnologías actuales, sino en avanzar en paralelo mediante soluciones intermedias y mejoras de eficiencia.

1.Hacer más eficiente lo que ya existe (generación en sitio)

En faenas mineras, operaciones petroleras o industrias fuera de red, la generación en sitio con diésel o gas sigue siendo necesaria. Una alternativa es incorporar sistemas de combustión optimizados que permitan reducir las emisiones entre un 20% y un 40% sin cambiar la matriz energética de base.

Aggreko ya ha implementado este tipo de soluciones en operaciones en Colombia y México y actualmente trabaja en proyectos similares en Chile. En uno de ellos, Aggreko incorporó un sistema de inyección de gas natural en motores diésel que permitirá reducir el consumo de este combustible hasta un 40% y disminuir proporcionalmente las emisiones de gases de efecto invernadero.

2. Soluciones híbridas en operaciones aisladas

En operaciones como campamentos mineros o faenas en zonas extremas, las soluciones híbridas están empezando a cerrar la brecha entre el costo y la sostenibilidad.

“Sacar una parte del diésel e incorporar paneles solares permite reducir el consumo y las emisiones en ciertas horas del día. Luego, los generadores aseguran la continuidad”, explica Débora Tavares.

3. Digitalización de equipos críticos

El uso de tecnologías de monitoreo también puede contribuir a reducir las emisiones. A través de su Centro de Operaciones Remotas (CORE), Aggreko monitorea en tiempo real los generadores, los sistemas de enfriamiento y los equipos de control de temperatura.

“Si puedes bajar el consumo de 100 a 80, no solo reduces costos, sino también emisiones. Ese tipo de eficiencia es clave en el camino hacia el net zero”, afirma Débora Tavares.

Un cambio estructural, no inmediato

A pesar de los avances, el consenso es que la industria no pasará de ser térmica a 100% renovable de un día para otro.

“No vamos a pasar de ser térmicos a ser 100% renovables. El camino será cada vez más eficaz, intentando probar otras soluciones y buscando cómo hacerlo lo más limpio posible”, concluye Débora Tavares.


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