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Carlos Finat, ACERA

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Hablando de generación ERNC, el potencial excede en 100 veces la capacidad instalada de generación eléctrica de todo el país, mientras que su precio ha demostrado ser competitivo, tal como se vio en la licitación de suministro para empresas distribuidoras adjudicada en diciembre de 2014, donde los proyectos ERNC promediaron 8 USD/MWh menos que los convencionales. Ello, sin tomar en cuenta el probable encarecimiento de estas últimas, en la medida que los precios del gas suban en el mercado internacional, tal como lo prevén diferentes analistas.

Otra de las características favorables de las fuentes ERNC existentes en Chile, es que se encuentran distribuidas geográficamente a lo largo del país, de modo que -al contrario de lo que ocurre con las grandes concentraciones de generación convencional- no constituyen “puntos únicos de falla”, cuya eventual indisponibilidad podría poner en riesgo la seguridad de suministro eléctrico de las personas y las empresas.

Sin embargo, para contar con una matriz diversificada, Chile requiere tener una infraestructura de transmisión eléctrica que interconecte efectivamente todo el país. Así se admitiría el libre flujo desde las distintas fuentes de energía, permitiendo en cada momento usar las opciones más eficientes en costo. Lamentablemente, en la actualidad esto no es posible, ya que diferentes “cuellos de botella” afectan nuestro sistema de transmisión, cuyo desarrollo se ha mantenido retrasado en relación al desarrollo de la generación del país.

Como parte de la Agenda de Energía del actual gobierno, en los próximos meses se debería iniciar la discusión parlamentaria sobre una nueva ley que modernizará el sector de transmisión. Sin embargo, las restricciones para transportar energía eléctrica de un punto a otro de nuestro país ya están presentes y su solución -aunque parcial- se debe alcanzar por las vías de la legislación actualmente vigente.

Respecto de esto último, se encuentran en curso dos proyectos de líneas que son muy importantes para reducir las restricciones de la actual transmisión: Interconexión SIC-SING y la construcción de la línea Cardones-Polpaico.

Las regiones de la zona norte del SIC – Atacama y Coquimbo – han recibido las principales inversiones en proyectos ERNC en los últimos dos años, básicamente centrales eólicas y solares. En este sentido, la línea Cardones-Polpaico, cuya fecha de puesta en servicio está planificada para diciembre del año 2017, es un proyecto crítico para los consumidores y para la industria generadora.

Actualmente, y debido a las restricciones del sistema de transmisión que une el norte del SIC con el centro, mucha de la generación limpia y competitiva que está operando en Atacama y Coquimbo no ha podido fluir en su totalidad hacia el sur, donde reemplazaría generación térmica más cara y contaminante. Las limitaciones impiden que estas centrales ERNC puedan colocar la totalidad de su producción y también son responsables de que sus ventas en el mercado spot enfrentan eventualmente costos marginales muy bajos. Lo anterior, debido al exceso de energía de la zona producto de la imposibilidad de ser “exportado” hacia el resto del país.

Las restricciones afectan también en el costo de la producción de energía eléctrica, además de ser una gran oportunidad desperdiciada para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y de materiales contaminantes asociados a la generación termoeléctrica. 

La concreción de la línea Cardones-Polpaico es necesaria y muy favorable para el país. De esta manera se logrará energía sustentable, inclusiva, segura y a precios razonables para todo Chile. Esperamos que la sociedad (y las comunidades) logren comprender estos beneficios, de manera que el proyecto pueda desarrollarse en los plazos previstos, sin retrasos provocados por opiniones injustificadas o cortoplacistas.

Carlos Finat es el Director Ejecutivo de la Asociación Chilena de Energías Renovables (Acera)

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