Danae Mlynarz, Alianza Valor Minero

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Es un hecho que los grandes proyectos de inversión en Chile han disminuido: 50% bajó inversión extranjera en Chile entre 2014 y 2016 (Banco Central), 28 puestos cayó Chile en atractivo país para la inversión minera entre 2015 y 2016 (Fraser Institute) y 23% disminuyó la inversión proyectada para el período 2017-2021, en relación a lo preconcebido en 2016 (CBC, 2017).

El debate en relación a la responsabilidad en esta realidad ha tenido diversas aristas, desde quienes señalan que es parte de la situación económica internacional hasta quienes avalan que serían variables netamente internas las que estarían ocasionando este estado.

Es probable que de alguna manera ambas visiones tengan algo que ver con lo que está pasando. Sin embargo, urge abordar la falta de diálogo efectivo que existe en Chile, tanto para buscar estas causas en conjunto y con diversidad de miradas, como para solucionarlas.

Esta misma situación es la que se replica en los territorios donde se quieren instalar grandes inversiones (minería, forestal, acuicultura, energía, entre otros), las que muchas veces son percibidas como negocios que buscan extraer riqueza de las zonas en que se sitúan y no como proyectos que avanzan a compartir los beneficios con las comunidades en las cuales se insertan.

Hoy es necesario concebir estas inversiones dentro del desarrollo territorial y no como entes aislados. Para ello el diálogo es algo esencial y prioritario que, al parecer, tenemos que aprender a desarrollar como país.

La CEPAL entiende al desarrollo territorial como un proceso de construcción social del entorno, impulsado por la interacción entre las características geofísicas, las iniciativas individuales y colectivas de distintos actores y la operación de las fuerzas económicas, tecnológicas, sociopolíticas, culturales y ambientales en el territorio.

Para que ese proceso de construcción social se lleve adelante con la colaboración público-privada, el diálogo es la principal herramienta. Pero no cualquier diálogo, sino que un diálogo conducente a resultados. Un diálogo que no sea sólo fruto de la buena voluntad de las partes, sino que tenga sus condiciones, que permita que todos puedan participar con las mismas capacidades técnicas y sin asimetrías de información. Instancias que sepan también abordar desde diversas aristas, ya sea sociales, medioambientales, culturales o económicas, las consecuencias que pueden traer las decisiones en juego.

En pocas palabras, Chile necesita un verdadero compromiso multisectorial; uno que desemboque en una política pública que institucionalice el diálogo en los territorios y que finalmente haga de las inversiones, las plataformas de desarrollo que nuestro país tanto necesita.

Danae Mlynarz Puig Gerenta Proyecto Institucionalidad de Diálogo Territorial Alianza Valor Minero

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