Chile
Por Paula Rojas, académica Facultad de Ingeniería y Ciencias Universidad Adolfo Ibáñez.

Mirando hacia atrás, cuando estaba estudiando, me cuesta creer que en ese mismo espacio formativo circularan relatos y explicaciones que afortunadamente hoy parecen lejanos. Se hablaba de accidentes en faena asociados a la presencia de mujeres, e incluso recuerdo haber escuchado una frase que entonces me impactó profundamente: “es que la mina se pone celosa”, comentario que finalmente influyó en mi decisión de cambiar de carrera. Más que una anécdota aislada, este tipo de ideas reflejaban una cultura que, durante décadas, justificó de forma explícita la exclusión de las mujeres en la minería. En mi caso, ese momento significó pasar de minas a metalurgia, sin imaginar que más adelante mi trabajo volvería a vincularme con la minería, ahora desde la investigación.
Afortunadamente, en nuestro país, desde los años 2000, grandes empresas mineras comenzaron a promover activamente la incorporación de mujeres en cargos operativos, técnicos y de liderazgo. Hoy es común encontrar mujeres como operadoras de camiones, ingenieras de minas, geólogas, supervisoras y gerentes. Cada vez hay más mujeres en distintas áreas de la minería, aportando desde la operación, la investigación o la gestión. Pero el desafío no es solo aumentar la participación, sino también transformar las condiciones, cuestionar sesgos, rediseñar espacios de trabajo y dejar atrás la idea de que hay roles “para hombres” o “para mujeres”.
Y en ese camino, es justo y quiero reconocer a quienes estuvieron antes y forjaron el camino. A las geólogas, ingenieras de minas y a todas las mujeres que abrieron espacio cuando no lo había, que enfrentaron contextos mucho más adversos y que hicieron posible que otras llegaran después o que algunas, como yo, volviéramos a esta área en busca de soluciones para una mejor minería. A ellas, gracias por ser ejemplo y, sobre todo, por haber sido la punta de lanza de un cambio que sigue en construcción.
Home

Deja un comentario