Chile
Por José Antonio Lagos, Socio principal de Cybertrust Latam.

Uno de los principales desafíos de este año para la industria minera será elevar la ciberseguridad al nivel del directorio y de la alta administración. Aún persiste una visión fragmentada, donde este riesgo se gestiona desde áreas técnicas y no como parte integral del gobierno corporativo y de la gestión global de riesgos. En un contexto de creciente sofisticación de los ataques —muchos de ellos dirigidos a infraestructura crítica, sistemas industriales y entornos OT—, esta mirada resulta insuficiente. La pregunta ya no es si ocurrirá un incidente, sino cuán preparada está la organización para detectarlo, contenerlo y recuperarse de forma efectiva.
A este escenario se suma una brecha estructural de talento. La convergencia entre TI y OT exige profesionales capaces de comprender tanto los procesos industriales como las amenazas digitales, un perfil escaso y altamente demandado. Sin una estrategia clara de formación, atracción y retención de capacidades especializadas, la resiliencia cibernética seguirá siendo frágil, independientemente de la inversión en tecnología.
El marco regulatorio también eleva la exigencia. La Ley Marco de Ciberseguridad y las nuevas normas de protección de datos imponen obligaciones más estrictas en prevención, reporte y respuesta a incidentes. Cumplir con estas normativas no debe entenderse solo como un ejercicio de compliance, sino como una oportunidad para fortalecer procesos, roles y responsabilidades, y para profesionalizar la gestión del riesgo cibernético en toda la cadena de valor.
En este contexto, la ciberseguridad del futuro será necesariamente adaptativa. La industria minera deberá avanzar hacia modelos de defensa más dinámicos, apoyados en agentes de IA, inteligencia artificial generativa y algoritmos de machine learning capaces de anticipar patrones de ataque, mejorar la detección temprana y acelerar la respuesta ante incidentes. Estas tecnologías permiten pasar de un enfoque reactivo a uno predictivo, donde la seguridad evoluciona al mismo ritmo que las amenazas.
Sin embargo, la tecnología por sí sola no será suficiente. El verdadero desafío es cultural: fomentar la colaboración sectorial, integrar la ciberseguridad en la toma de decisiones estratégicas y construir una mentalidad de resiliencia compartida. En 2026, las compañías mineras que logren combinar liderazgo desde los directorios, talento especializado y capacidades avanzadas de IA no solo estarán mejor protegidas, sino que también fortalecerán su licencia social para operar y su competitividad de largo plazo. La ciberseguridad ya no es un costo: es una ventaja estratégica.
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