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Chile

Carlos de Costa Nora, Director de Tecnología de Komatsu Cummins Chile.

La próxima década minera

jueves 23 de abril del 2026.- La industria minera está viviendo un cambio importante, aunque no siempre visible. Más allá de cuánto aumenta la demanda global, el verdadero desafío está en adaptarse a un entorno donde la tecnología -y especialmente la inteligencia artificial- está redefiniendo la forma en que operamos.

A pesar de los avances, la minería sigue siendo más reactiva que proactiva. Y hoy se necesita justamente lo opuesto: adelantarse a los problemas. Aunque el sector no está tan rezagado como otros, existe una brecha que puede volverse crítica si no se aborda a tiempo.

Uno de los grandes desafíos es la complejidad de sus operaciones, una faena minera funciona como un sistema de engranajes interconectados. Distintos equipos, procesos simultáneos, altos estándares de seguridad y una presión constante por ser más eficientes. En este contexto, digitalizar solamente resulta insuficiente.

El verdadero reto es ir más un paso más lejos, lograr que todo funcione de manera coordinada, en tiempo real, y con información clara de lo que ocurre en cada etapa. Incorporar herramientas digitales es apenas el primer paso, pues el cambio de fondo requiere transformar la manera en que se organiza y ejecuta el trabajo.

A esto se suma el factor humano. La minería reúne a miles de trabajadores en distintos roles, y no todos cuentan con el mismo nivel de habilidades digitales. Por eso, la adopción de nuevas tecnologías requiere más que su disponibilidad, exige preparar a las personas para utilizarlas, y la capacitación y el acompañamiento de los equipos serán clave en este proceso.

En este escenario, la inteligencia artificial actúa como un gran catalizador. Puede ayudar a anticipar fallas, optimizar procesos y mejorar la toma de decisiones. Pero su impacto real dependerá de cómo se implemente y de qué tan preparada esté la organización para integrarla.

También veremos cambios en los perfiles laborales. Algunas tareas más riesgosas serán automatizadas, reduciendo la exposición de las personas, al mismo tiempo que surgirán nuevos roles enfocados en supervisar, mantener y optimizar estos sistemas. Esta transformación incrementa la eficiencia operativa y contribuye a mejorar la calidad de vida de quienes trabajan en la industria.

El valor de la próxima década minera se medirá tanto por el volumen producido como por la excelencia de sus procesos. Y en ese “cómo”, la tecnología y la gestión inteligente de los datos serán claves para el futuro de la industria.


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