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Chile

Víctor Frangie, Managing Director de Delivery & Transformation, Advisory KPMG Chile.

Guerra, inflación y oro a la baja. Algo no cierra

martes 16 de junio del 2026.- El oro sube cuando el mundo tiene miedo. Esa es la narrativa que dominó 2025 y que, a decir verdad, nos domina a todos. Lo que pocos anticiparon es que el mismo conflicto que debía haberlo empujado al alza ha terminado siendo precisamente lo que lo hunde. El precio ronda hoy los ~USD 4.320 por onza, recuperándose tras semanas de corrección que lo llevaron a caer más de un 25% bajo el máximo histórico de USD 5.589 alcanzado el 28 de enero de 2026. La ruptura de la media móvil de 200 días —la primera desde octubre de 2023— desencadenó ventas institucionales masivas, según Bloomberg. El movimiento fue técnico antes que fundamental, y esa distinción importa más de lo que los titulares sugirieron.

Para entender qué pasó, hay que seguir la cadena de eventos: el conflicto entre EE.UU. e Irán disparó los precios del petróleo, que impulsaron los costos energéticos un 23,5% interanual y elevaron la inflación estadounidense a 4,2% en mayo, su nivel más alto desde abril de 2023. Eso eliminó cualquier expectativa de recorte de tasas por parte de la Reserva Federal y el mercado llegó a asignar un 70% de probabilidad a al menos un alza antes de diciembre. El oro, que no paga cupón, sufrió. Pero el acuerdo de paz firmado esta semana entre EE.UU. e Irán —que reabre el Estrecho de Ormuz— ya está revirtiendo esa lógica: el petróleo cayó a mínimos de dos meses y el oro lleva tres sesiones consecutivas al alza.

Porque los fundamentos de largo plazo no se han movido. En 2025, el oro subió cerca de un 60%, su mejor año en casi medio siglo. En octubre el precio cruzó los USD 4.000 por primera vez y en diciembre superó los USD 4.500, impulsado por un dólar debilitado, compras récord de bancos centrales y una demanda de inversión que creció un 84%, según el World Gold Council. Solo en el primer trimestre de 2026, los bancos centrales compraron 244 toneladas netas de oro —17% más que el trimestre anterior—, liderados por Polonia, Uzbekistán y China, que acumula 18 meses consecutivos de compras. Ninguno de esos factores estructurales ha desaparecido.

Y hay un dato que debería hacer reflexionar a quienes ven sólo la caída: cada uno de los grandes pronósticos institucionales de fin de año —Goldman Sachs (~USD 5.400), J.P. Morgan (~USD 6.000), Morgan Stanley (~USD 5.200), UBS (~USD 5.500)— se mantiene entre un 25% y un 44% por encima del precio actual. Ninguno ha sido alterado. Los mismos bancos que recortaron sus estimaciones de corto plazo describen la tendencia estructural como alcista en el mediano plazo.

Para los corporativos mineros lo que está ocurriendo no es una crisis, es una prueba. Las licencias, evaluaciones de impacto ambiental, las relaciones con comunidades, y la ingeniería avanzada no se pausan y reanudan sin costo. Las compañías que hoy consideran paralizar sus proyectos porque el precio spot cayó en los últimos 3 meses un 14% estarían tomando una decisión de corto plazo con consecuencias de largo plazo. Cuando el precio se recupere —y todos los indicadores estructurales sugieren que lo hará—, las mineras que mantuvieron el ritmo estarán listas. Las que detuvieron todo, no.

El oro sigue un 25% por encima de sus niveles de hace doce meses. El ciclo no ha terminado. Los corporativos mineros con visión lo saben. Y por eso no parpadean.


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