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Colombia

17 de Agosto de 2010.- Avances en la seguridad pública y normas comerciales propicias para la inversión están impulsando un boom sin precedentes en la minería y el sector petrolero de Colombia, un verdadero oasis para los negocios en una región que ha dado un giro a la izquierda.

Los inversionistas creen que Colombia bien vale la pena el riesgo a lo largo de varias zonas con reservas sin explotar, pero aún plagadas por grupos armados ilegales.

Como el tercer gran productor de crudo de Sudamérica, después de Brasil y Venezuela, Colombia va camino a producir más de un millón de barriles diarios por día para el año 2012, de acuerdo con el gobierno colombiano.

Un 80% de los 7.200 millones de dólares en inversión extranjera directa que el país cosechó el año pasado fueron al petróleo y la minería, un sector que consiguió casi duplicar su volumen de inversión hasta unos 3.100 millones de dólares.

"Las compañías están buscando el próximo gran negocio, un mercado sin explotar, y Colombia está titilando en el radar", aseguró el analista Patrick Esteruelas, de la firma consultora Eurasia Group.

El vecino Ecuador, en contraste, registró una inversión extranjera directa de 312 millones de dólares en 2009. El territorio ecuatoriano es el quinto productor petrolero del continente detrás de Argentina.

Colombia es un mercado en alza tan atractivo para la inversión foránea bajo el nuevo gobierno de Juan Manuel Santos ­­un ex ministro de Comercio, Hacienda y Defensa­­ que las autoridades calculan que el país tendrá este año el mayor repunte económico de América Latina: El Producto Interno Bruto (PIB) crecerá 4,5% al cierre del 2010.

El flujo de inversión ha inundado con dólares de tal manera a Colombia que la moneda local, el peso, se ha revaluado un 12% frente a la divisa estadounidense en lo que va de este año.

Mientras Venezuela y Ecuador han ahuyentado a inversionistas del sector energético al modificar contratos petroleros y aumentar impuestos y royalties al punto que muchas empresas salieron de esos países, el saliente mandatario colombiano Alvaro Uribe les ofreció fuertes incentivos.

"Colombia es uno de los pocos países en América Latina que ofrece garantías contractuales con cláusulas de hierro a lo largo de períodos de 20 años", aseguró Esteruelas.

En los ocho años de gobierno de Uribe, que culminan el sábado 7 de agosto, las reservas petroleras comprobadas de Colombia aumentaron 22% para ubicarse en 1.900 millones de barriles y la producción creció 45%.

Colombia, por lo demás, ha sido desde hace 39 años el primer productor de carbón del continente.

El país compite por la inversión minera con Perú y Chile, históricamente apuestas más seguras no sólo por sus reservas comprobadas de oro, cobre y otros minerales, sino porque además son políticamente más estables.

Sólo cinco millones de las 114 millones de hectáreas de Colombia han sido exploradas, aunque 40% del país legalmente esta fuera de los límites de explotación debido a que esta o en zonas de reservas naturales o consideradas ambientalmente sensibles, aseguró Mario Ballesteros, director del oficial Instituto Colombiano de Geología y Minería (INGEOMINAS).

Incluso antes de que Uribe llegara al cargo, los inversionistas consideraban las reservas de oro del país como especialmente promisorias. Colombia es el quinto productor de oro de América Latina.

"Es sólo ahora que se ven los resultados de las investigaciones hechas en forma de estudios de factibilidad y proyectos de desarrollo", indicó William Tankard, analista de GMFS, una firma consultora en el área de metales preciosos y con sede en Londres.

El año pasado, Greystar Resources Ltd, una firma minera canadiense, proyectó que podría extraer un total de 511.000 onzas de oro, valoradas en unos 611 millones de dólares a los precios actuales, del depósito "Angostura", ubicado en el departamento de Santander, en el noreste de Colombia. También que podría conseguir unas 2,3 millones de onzas de plaza.

La empresa asegura que ha invertido unos 140 millones de dólares en 16 años en Colombia.

La sudafricana AngloGold Ashanti, por su parte, ha invertido 159 millones de dólares en Colombia desde 2002 y cree que ha dado con un monstruoso reservorio, la mina La Colosa, que podría generar unas 800.000 onzas de oro anual, dijo Iván Malaver, vocero de la empresa.

Los proyectos, sin embargo, han estado rodeados de una serie de contratiempos porque los habitantes de las zonas cercanas se han quejado por la posible contaminación con cianuro de reservorios de agua, que son usados en las minas a cielo abierto tanto en La Colosa como Angostura.

"Colombia tiene que sopesar muy bien (los objetivos) a largo plazo, como el mantenimiento de la diversidad biológica y del agua, y los del corto plazo, que es la cuestión minera", destacó Manuel Rodríguez, el primer ministro de Medio Ambiente que tuvo Colombia entre 1994 a 1998.

Sólo La Colosa requeriría la remoción de 600.000 toneladas de tierra al día, lo que exige el uso de unas 90.000 toneladas de cianuro, además de unos 250.000 litros de agua por hora.

No obstante, nunca ha habido mejor momento para estar en el negocio del oro. El precio de ese metal ha alcanzado sus niveles más altos. Se vende actualmente a unos 1.200 dólares la onza.

Lo que no les gusta a los inversionistas es pensar mucho en el tema de la seguridad.

El conflicto interno colombiano, que ya lleva casi medio siglo, hierve a fuego lento o en ocasiones se quema, especialmente en las zonas rurales, donde se dan la mayoría de las explotaciones del sector energético.

Históricamente, los grupos armados ilegales de Colombia, especialmente las guerrillas, han cobrado "impuestos de guerra" a las empresas mineras y petroleras. Las que no pagan son atacadas.

A lo largo de los 90, el oleoducto de 700 kilómetros de extensión "Caño Limón­Coveñas" sufrió más de 179 ataques o sabotajes que las autoridades atribuyen a grupos rebeldes. Tales atentados comenzaron a ceder en 2002 con el gobierno de Uribe, cuando unidades militares empezaron a vigilar la tubería, dijo Mauricio Téllez, portavoz de Ecopetrol, que opera el oleoducto.

Pero no toda la protección está constituida por fuerzas legales.

"El auge minero, exploración o explotación, se ha venido acompañando con la creación o llegada de grupos de seguridad privada ilegal", aseguró Ariel Avila, analista del grupo no gubernamental Corporación Nuevo Arco Iris.

Avila aseguró que en estudios de campo hechos en los dos últimos años ha encontrado que grupos armados ilegales, vinculados a milicias de derecha y de la guerrilla, están prestando seguridad a compañías petroleras en distintas zonas del país, especialmente en los sureños departamentos de Meta y Guaviare.

Avila declinó mencionar a las empresas alegando razones de su propia seguridad.

Entre las compañías que operan y explotan en Meta y Guaviare están la canadiense Pacific Rubiales, Exxon Mobil, la brasileña Petrobras y Petrominerales, que es una afiliada colombiana de la canadiense Petrobank.

"Parte de las razones por las que Colombia, a diferencia de sus vecinos, se vio obligada a ofrecer tantos incentivos impositivos y alivios regulatorios fue precisamente porque ha tenido que lidiar con ese historial de inseguridad", explicó Esteruelas.

Tales incentivos ayudaron a persuadir a Pacific Rubiales a comenzar a invertir en Colombia en 2004, destacó el vicepresidente de la empresa José Francisco Arata.

La segunda empresa petrolera después de la estatal Ecopetrol, Pacific Rubiales se instaló en zonas anteriormente dominadas por la guerrilla, como Meta, y su producción es ahora de unos 125.000 barriles al día.

A lo largo del próximo año, la empresa prevé invertir 235 millones de dólares en exploración en la zona de los llanos y en el sur del país, en el departamento de Putumayo, donde todavía se registra actividad rebelde.

"En zonas donde se considera que hay un riesgo más alto, como en las fronteras con Venezuela y Ecuador, se les da acompañamiento militar a las empresas", dijo Armando Zamora, de la Agencia Nacional de Hidrocarburos.

Apenas el año pasado, la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), dijo Zamora, quemaron algunos buses e intimidaron a los operarios petroleros en Putumayo, en la frontera con Ecuador. No ofreció detalles de esos incidentes.

Para Rodríguez, el ex ministro de Medio Ambiente, la intimidación, violencia y la extorsión son simplemente el precio de hacer negocios en Colombia.

Después de todo, agregó, las más grandes operaciones en el sector de carbón comenzaron en Colombia en medio del auge del conflicto.

"Históricamente no es que la violencia en el país haya sido una de las mayores dificultades para empresas extranjeras", dijo Avila. "La mayor dificultad es que no se conocía la zona y ahora, como han hecho estudios preliminares, pues se conoce y las empresas invierten más" (Terra).

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