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Chile

Si se materializan todos los proyectos en carpeta a 2015, se llegaría a que un 70% de la capacidad instalada nacional correspondería a generación térmica.

24 de Enero de 2011.- El año pasado, por primera vez el SIC pasó de tener una base hidroeléctrica a una térmica, lo que llamó profundamente la atención, considerando los enormes recursos hídricos del país. Y por ello, “Chile en toda América ocupa el segundo puesto dentro de los países con la energía más cara”, indicó el diputado UDI y presidente de la comisión de Minería y Energía de la Cámara Baja, Alejandro García­Huidobro.

Según García­Huidobro, “todo surge en los '80, pues al momento de privatizar Endesa –en 1989– ostentaba aproximadamente el 90% de la propiedad de los derechos de agua del país”. Y en ese sentido, explicó que “la empresa pasó a manos de privados en su totalidad, incluyendo derecho de agua y centrales. Resultando, entonces, una empresa privada de carácter monopólico”.

Y agregó que “tiempo después se les aplicó un impuesto a todos los derechos de agua que no fueran utilizados, esto incentivó la venta de derechos, pero no solucionó el problema de la generación hidroeléctrica”.

Luego vino la crisis del gas con Argentina, que duró entre 2003 y 2005, y que “llevó a la construcción de turbinas que queman derivados de petróleo (diésel, fuel oil), las que son ineficientes, pero de rápida instalación (menos de un año), además de impulsar grandes unidades a carbón, más económicas, pero de instalación más lenta (del orden de cuatro años)”, explicó Nicolás Méndez, especialista de Central Energía (organización que realiza análisis del sector energético).

Analistas señalan que también hay una gran responsabilidad en la administración del ex Presidente Eduardo Frei Ruiz­Tagle, pues si bien la llegada del gas natural trasandino generó millonarios ahorros, no se tuvo la capacidad para prever que en algún momento los argentinos cortarían el suministro. Es decir, se jugaron gran parte de las fichas a un proveedor que no era confiable.

Situación Actual

Según Méndez, en la matriz total –sumando el SIC y el SING– en 1990 la participación de la hidroelectricidad era del 66% versus un 23% del carbón y un 10,1% de derivados del petróleo. Sin embargo, 20 años más tarde la energía hidroeléctrica retrocede en 22,5 puntos porcentuales, llegando en 2010 a un 45,5%, mientras que el carbón experimentó un aumento en su aporte de 18,4 puntos porcentuales, representando el año pasado un 42,3% de la matriz energética nacional.

La realidad del Sistema Interconectado Central (SIC) es que la potencia instalada en generación hidroeléctrica es 45,8%, mientras que termoeléctrica, es de 50,3%. El resto, en tanto, corresponde a Energías Renovables No Convencionales (ERNC).
Sin embargo, la situación es más radical en el Sistema Interconectado en el Norte Grande (SING), el cual proporciona electricidad principalmente a la minería. Aquí la matriz tiene un carácter netamente térmico, ya que el 99,6% equivale a energía de este tipo y sólo el 0,4% a energía hidroeléctrica. El carbón en este caso, alcanza una participación del 57,3%.

Pero eso no es todo, la situación no refleja una mera coyuntura, puesto que datos proporcionados por la consultora Systep y elaborados en base a estadísticas del Servicio de Evaluación Ambiental (SEA), del total de los proyectos de centrales energéticas desde 2007 a diciembre de 2010, el 56% corresponden a centrales a carbón, 19% a eólicas, 8,5% a petróleo, 8,2% a diésel y 8% a solar.

Según José Ignacio Escobar, vicepresidente de la Asociación Chilena de Energías Renovables (Acera), “si se materializan todos los proyectos en carpeta a 2015, llegaríamos a una matriz donde más del 70% correspondería a generación térmica”.

Consecuencias

Escobar, además, señaló que “hoy en día la huella de Co 2 por cada Mw hora generado es de aproximadamente 0,55 toneladas de Co2 por Mw hora en el SIC y 0,65 toneladas de Co2 por Mw hora en el SING. Si se sube el porcentaje de participación de la energía térmica en la matriz energética, la huella subiría de manera significativa, calculo que a lo menos sería de 0,8%, y eso está absolutamente en contra de los objetivos de la OCDE”.

Y enfatizó que “este fenómeno tendrá un impacto negativo sobre nuestras exportaciones, ya que no podrán cumplir con las exigencias internacionales de comercio”.

Quiénes Manejan el Carbón

El consumo local de carbón es prácticamente en su totalidad para la generación termoeléctrica, según señalan los analistas. Asimismo, explican que las importaciones –que representan en torno a un 90% del consumo interno– la realizan directamente las propias generadoras. En esa línea, la central Guacolda es señalada como el principal importador de carbón en Chile, utilizando como combustible carbones bituminosos y sub­bituminosos. Esta empresa es controlada en un 50% por AES Gener, un 25% por Copec (Angelini) y un 25% por Inversiones Ultraterra (Von Appen). Además, Guacolda posee un puerto mecanizado de 1.500 toneladas/hora de capacidad, apto para la descarga de carbón y acondicionado para la prestación de servicios a terceros.

Gener –la segunda generadora del país (detrás de Endesa), con una cuota de mercado de 21%, pues tiene un 19% del SIC y un 25% del SING– es reconocida como la gran “carbonera” local, ya que un 52% de su generación para el Sistema Interconectado Central es con este mineral, mientras que en el SING llega al 30%. Y va por más, pues en su portafolio de inversiones está la cuestionada central Campiche (270Mw) –en la zona de Quintero– y en el Norte Grande figuran Angamos I y II, con 518 Mw.

En cuanto a la producción local de carbón, ésta –tras dejar de operar Enacar– se circunscribe a pequeñas y medianas empresas, las que según Sernageomin se sitúan en las regiones de Biobío y Magallanes, destacando Ingeniería del Sur, Cocke Car, Minera Trinidad, Carbomat y Carbesor. Sin embargo, en la XII Región el proyecto Minera Isla Riesco –donde también están asociados Angelini y Von Appen– fue planeado para suministrar en el mediano plazo volúmenes de hasta seis millones de toneladas anuales de carbón sub­bituminoso, es decir, diez veces más de lo que hoy se produce en Chile (Estrategia).

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