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Chile

Dentro de dos meses, Marcelo Tokman, el nuevo gerente general de la estatal, presentará al directorio su plan estratégico para los próximos cuatro años. Este considerará, entre otros aspectos, una adecuación en la estructura de la organización para reforzar las áreas de seguridad y de relación con las comunidades, adelanta el ejecutivo.

Lunes 16 de Junio de 2014.- UN mes cumplió Marcelo Tokman a cargo de la gerencia general de la Empresa Nacional del Petróleo (Enap). Y aunque de entrada asegura que aún está en pleno proceso de adaptación y de ponerse al tanto de sus nuevas funciones, lo cierto es que para el economista la empresa no le es desconocida. Su llegada a la petrolera significó, más bien, reencontrarse con el quehacer de la compañía, a la que conoció bien cuando ejerció como presidente del directorio, en su época de ministro de Energía, entre 2007 y 2010. Entonces, y también ahora, el gobierno de Michelle Bachelet le asignó un rol estratégico a la firma estatal en la política energética. En el primer período, para asegurar el suministro de diésel en plena crisis del gas y, actualmente, para ser un actor clave en la hoja de ruta que se trazó el Ejecutivo para llevar a cabo su Agenda Energética.

Para Tokman, eso sí, hoy la petrolera se encuentra en un mejor pie para dar cumplimiento a esa tarea. “Enap aprendió las duras lecciones de 2008, tras las pérdidas por US$ 1.000 millones que tuvo que asumir para asegurar el suministro de diésel al país”, asegura el máximo ejecutivo de la firma. Desde entonces, la empresa estableció una política de cobertura para las compras de diésel y realizó cambios en su política comercial y en los contratos que suscribió con los clientes a los que abastece.

Pero aún hay resabios de aquella época. Uno de los principales problemas de la empresa es el alto nivel de deuda que arrastra, que ronda los US$ 4.000 millones y que demanda US$ 200 millones al año, solamente para pagar los intereses. A diciembre de 2013, la relación entre pasivos y patrimonio era superior a 26 veces.

Aunque ha habido esfuerzos por hacer más eficiente la empresa y tratar de reducir su carga financiera, para el gobierno no es suficiente y una parte del mandato presidencial para la administración que lidera Tokman es transformar a Enap en una empresa robusta. El reto no es menor.

¿Cómo se logra ese objetivo? Para cambiarle la cara a la empresa, Tokman está trabajando en el diseño del plan estratégico de negocios de Enap para los próximos cuatro años, propuesta que presentará al directorio de la empresa dentro de dos meses, afirma el ejecutivo.

Entre otros aspectos, la nueva carta de navegación incorporará adecuaciones en la estructura organizacional de la compañía, ajustes que tienen como objetivo reforzar las áreas de seguridad y de relacionamiento con las comunidades, adelanta Tokman. “Hay que ver cuál es la mejor estructura para abordar los desafíos que tenemos por delante y poder lograr los resultados que se esperan de Enap”, dice.

Los ajustes, en todo caso, no implicarán una reestructuración de la dotación de trabajadores ni tampoco se activará algún plan de egresos, aclara el ex ministro.


Ejes de la gestión

Mientras concluye la arquitectura definitiva de la estrategia de negocios, la administración Tokman ha logrado avanzar en algunas áreas consideradas prioritarias. Una de ellas es la seguridad.

“Para ser una empresa fuerte, moderna y robusta, lo primero es reducir la tasa de accidentabilidad y preocuparnos del cuidado de cada uno de nuestros trabajadores, tanto de planta como externos, que participan en todas nuestras operaciones”, indica. Para potenciar ese frente, la empresa acaba de reclutar a Oscar Leal, ingeniero civil en Minas, para hacerse cargo de la gerencia de Salud, Seguridad, Medio Ambiente y Comunidades (HSEC). El fichaje no es casual. Leal posee una vasta experiencia en esa área, desarrollada especialmente en el sector minero, donde se ha desempeñado en Escondida, Los Pelambres y Collahuasi.

El plan de Enap es desarrollar una estrategia que le permita alcanzar hacia el año 2018 los estándares de seguridad equivalentes a los que exhiben las empresas petroleras más seguras a nivel global. Como se trata de un objetivo relevante, la gerencia de HSEC pasó a depender directamente de la gerencia general. Antes la dependía de la gerencia de planeamiento.

El segundo eje de la gestión Tokman será el fortalecimiento financiero y patrimonial de Enap. “Es fundamental ser sumamente responsables, en términos de que como empresa pública, Enap tiene cierta obligación de ayudar en la ejecución de la estrategia energética, con múltiples iniciativas, pero hay que hacerlo responsablemente y lo que uno haga tiene que ser consistente con la sustentabilidad de largo plazo de esta empresa”, sostiene.

En esa dirección se enmarca la decisión de que todos los proyectos que emprenda la firma deben ser rentables y, cuando eso no ocurra, el Estado subsidiará la diferencia. “No queremos que Enap sólo pueda servir a ejecutar la estrategia de energía en estos cuatro años y que después quede en una condición tal que no permita seguir siendo un aporte permanente”, señala Tokman.

Eso requiere, además, que los proyectos que se lleven a cabo sean “impecables desde el punto de vista del diseño, de la ejecución, del presupuesto y de los tiempos esperados”.

Supone, también, poner el acento en dos dimensiones: el cumplimiento ambiental y la relación con las comunidades. “Esto es algo que ha faltado en el país como un todo. Es parte del diagnóstico de por qué los proyectos no han podido llevarse a cabo”, afirma Tokman.

Se trata de lo que se denomina, dice, valor compartido. “Enap si quiere ser un aporte y llevar adelante proyectos, necesariamente tiene que hacerse cargo de la restricción que están enfrentando todos los proyectos”, subraya el ejecutivo. Al tratarse de una empresa pública, añade, “tiene que fijar la vara mucho más alta, tiene que hacerlo impecable desde el punto de vista ambiental y que la comunidad vea como un beneficio los desarrollos que emprenda”.

Un primer paso para mejorar la condición financiera y patrimonial de la empresa es la capitalización por US$ 400 millones que anunció el gobierno. La inyección de recursos tendrá dos impactos favorables en la petrolera, en opinión de Tokman: significa más que duplicar su patrimonio y, al mismo tiempo, es una señal potente al mercado de que la empresa tiene el respaldo del dueño. “Ambos elementos nos permitirán acceder a mejores condiciones de financiamiento cuando se decida salir al mercado”, destaca.

Con el aporte fiscal, además, el ejecutivo espera que las clasificaciones futuras de Enap al menos no evidencien un retroceso.


Las opciones para el GNL

La Agenda Energética del gobierno dispuso que Enap evalúe la construcción de un nuevo terminal de gas natural licuado (GNL) en la zona centro-sur. En la década pasada, la firma jugó un rol articulador para impulsar el terminal que se levantó en Quintero y en el cual participa con el 20% de la propiedad.

Diversas son las opciones que al interior de la compañía se están evaluando para viabilizar la nueva iniciativa. La factibilidad de llevar adelante cada una dependerá del tamaño de la demanda.

Una alternativa que se ha considerado consiste es utilizar embarcaciones para transportar por mar el GNL desde Quintero hacia el futuro terminal que se levantaría en la zona sur, explica Tokman.

En ese esquema se usaría el gas para satisfacer la demanda actual de la zona -hoy abastecida a través de camiones por la planta de Enap en Pemuco, VIII Región- y permitir una expansión, llegando a los niveles de utilización de gas que había previo a la interrupción de los envíos del hidrocarburo desde Argentina, esto es, unos 2,5 millones de metros cúbicos al día.

Se optaría por esta vía pensando en los consumos propios de Enap y también en suministrar a industrias y clientes que antes usaban gas y que ahora no disponen de ese combustible.

En el análisis que se realiza en la estatal, esta aparece como una alternativa atractiva, “porque sería una forma eficiente para mejorar el suministro de gas a la zona sur, dado que permitiría una expansión a costos menores que los camiones, que es el mecanismo actual, y sin las complejidades que implica aumentar el flujo de camiones”, comenta el gerente general de la estatal.

El escenario cambia si prosperan proyectos para expandir el consumo de gas con fines de generación eléctrica. Entonces, para Enap tendría sentido apoyar e involucrarse en el desarrollo de un terminal de mayor envergadura. “Se trataría de un proyecto de escala superior, debido a los niveles de demanda, que podría considerar la construcción de un terminal con estanques en tierra, como el de Quintero, o de estanques flotantes, como el de Mejillones”, señala Tokman.

Para despejar esa opción, la administración de Enap ha sostenido conversaciones con operadores eléctricos locales que hoy no participan en desarrollos de GNL, pero que han manifestado interés por llevar a cabo algún proyecto de ese tipo. Los acercamientos, además, han abarcado a actores internacionales que se dedican al negocio del gas.

Cualquiera sea el modelo en que se avance, Enap compartiría el riesgo con privados, replicando el esquema empleado en GNL Quintero, donde también tienen presencia Endesa, Metrogas, Enagas y Oman Oil. “Para impulsar iniciativas nuevas, la idea de Enap es hacerlo con socios que puedan aportar experiencia y también financiamiento”, enfatiza Tokman.

De aquí a fin de año habrá claridad sobre qué alternativa tiene más sentido y qué camino conviene seguir, señala el ejecutivo.

Mientras se avanza en esa línea y en el diseño de la carta de navegación para el cuatrienio, Tokman proyecta un favorable 2014 para Enap, esperando cerrar el año con un nivel de Ebitda similar al del ejercicio pasado, es decir, en torno a los US$ 600 millones.

LTOL

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